LLAMANDO A LOS GUERREROS

Por ti, Dios nuestro, haremos proezas; ¡tú harás morder el polvo a nuestros enemigos! Salmo 108:13

El Espíritu Santo de Dios está despertando a Su pueblo. El Rey de reyes está provocando a guerreros para que tomen su lugar, y se unan a la banda victoriosa y gozosa de creyentes conocidos como los vencedores, los que defienden con fuerza al Rey Jesús y llevan Su gloria y amor a través de toda la tierra (1 Juan 5:4).

Como seguidores de este glorioso Rey, cada uno de nosotros hemos sido llamados y comisionados por el Espíritu de Dios para convertirnos en poderosos guerreros de Dios. ¿Qué es un guerrero? Es aquel que ha experimentado numerosas batallas y ha vencido a todos los enemigos. Aquel que tiene éxito sin falta. El guerrero, sin embargo, no es un soldado común. Los guerreros demuestran nobleza y honor, valentía y audacia, y, sobre todo, una devoción radical hacia Su Dirigente. ¡Los guerreros están dispuestos a morir por su rey!

Puede que usted se pregunte: “¿Poderoso guerrero yo?” Sí, ¡usted! ¿Suena imposible este llamado? ¡Lo es! ¿Va esto más allá de sus fuerzas y habilidades? ¡Por supuesto que sí!

CRISTO, NUESTRO GUERRERO INTERIOR

Nuestra identidad como guerreros de Dios sólo es posible porque nosotros, estamos ahora muertos en nosotros mismos. Hemos sido crucificados con Cristo. Ya no vivimos: nuestra vida ha sido comprada por Su sangre en el Calvario. Cristo ahora vive como Guerrero de Dios en y a través de nosotros.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20

Durante estos días peligrosos y oscuros, podemos ser campeones sin temor porque Cristo, que vive dentro de nosotros y por nosotros, ya ha “vencido al mundo” (véase también Josué 1:7). Nosotros no tenemos que vencer, pues Cristo ya lo ha hecho. ¡Él es el poderoso León de Judá! ¡Él es el Rey de reyes! Recuerde su promesa: “Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). El apóstol Pablo nos recuerda que AHORA somos más que vencedores en y por medio de Cristo Jesús. Romanos 8:37.

Creer y actuar en esta preciosa verdad de Cristo el Rey en nosotros nos capacita para estar firmes con valentía delante de todos, sin temor ante cualquier circunstancia difícil y confiados en la presencia del Señor sea cual fuere la pérdida personal, la decepción familiar, la enfermedad o la pobreza que amenace nuestra vidas, las vidas de nuestros seres queridos, o las vidas de aquellos que se cruzan en nuestro camino. ¡Hemos sido llamados a llevar su Reino de amor donde quiera que vayamos, derrotando a sus enemigos a cada paso del camino!

LOS GUERREROS CREEN EN LA PALABRA

¿Cómo permitimos exactamente que Cristo el Rey luche en nuestras batallas diarias? ¡Es muy sencillo! Como guerreros suyos, simplemente optamos por no mirar “las cosas que se ven”, sino que fijamos nuestro corazón y nuestra mente en la realidad más grande e invisible del Señor Jesucristo, la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios que vive y reina en nosotros. A través de Cristo nuestro Rey somos imparables e invencibles. Él promete que ninguna arma forjada contra nosotros va a prosperar (Isaías 54:17): ¡ni la enfermedad, ni la depresión, ni la confusión, ni el temor ni la carencia!

Si todo esto es cierto, puede que se pregunte, ¿por qué es que la mayoría de los creyentes no se sienten guerreros victoriosos? La razón es muy clara: se trata de un error al caminar según nuestros propios pensamientos, emociones y percepciones de la “realidad”. Si prestamos atención a este ámbito natural, vamos a luchar contra el enemigo en nuestra carne y alma, no en el Espíritu de Dios y la Palabra, perdiendo así todas las batallas. Debemos caminar por fe estando firmes en Su Palabra y viviendo en Su Espíritu y esperando que el Señor cumpla Sus promesas. Fijemos los ojos en Jesucristo, invoquemos Su nombre, estemos firmes sobre su Palabra, y así ganaremos cada batalla.

LOS GUERREROS SE NIEGAN A SI MISMOS

Este paso de vivir a través de nuestra alma (nuestra propia voluntad, la mente carnal y las emociones naturales) a vivir según Su Espíritu y Palabra es el camino necesario y el verdadero precio del discipulado: cada uno de nosotros debemos morir a nosotros mismos y vivir para Cristo. Debemos elegir ceder a Su Espíritu y Palabra (renovando nuestra mente), negarnos a nosotros mismos y declarar su verdad sobre nosotros y nuestras circunstancias: “Diga el débil: ‘Fuerte soy'” (Joel 3:10). En los Salmos, escuchamos las poderosas palabras de la victoria:

“Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; en Tu nombre hollaremos a nuestros adversarios.” Salmo 44:5

Nuestro llamado no es de entregarnos al temor, a la duda ni a la incredulidad, sino a Su justicia, paz y gozo en nuestro interior. Hemos sido llamados a ser rectos en todo lo que hacemos, regocijándonos siempre, y estando tan confiados como un león (Proverbios 28:1). Por supuesto que este es el llamado de la gracia de Dios. No podemos cambiarnos a nosotros mismos, pero hay que tener confianza en la gracia y el poder de Cristo obrando en nosotros y a través de nosotros. Él es el que nos va a transformar para que pasemos de ser cristianos carnales que viven según la carne, y que dan crédito a sus mentes carnales y emociones sin santificar, a convertirnos en guerreros que “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” en Cristo como temibles campeones del amor incondicional e incomparable de Dios, y guerreros por Su verdad, que se mantienen firmes sin hacer concesiones al mal. ¡Pero mi casa y yo serviremos a Jehová (Josué 24:15)!

Que este nuevo año 2013 esté repleto del magnífico favor y la sublime gracia de Dios sobre ustedes y sus familias (Salmo 84:11)

 ¡Amén! ¡Levántense, poderosos guerreros!

 Bobby Conner

Joel 2:11 El Señor mismo da las órdenes al frente de su ejército. Muy grandes son sus batallones, y fuertes son los que cumplen la orden.

Cuanta similitud hay entre los ejércitos de la tierra y el ejército de Dios. Quizás por esta razón Pablo le recomienda a Timoteo “Tu, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” 2ª. Timoteo 2:3.  Sin embargo, el ejército de Dios es un ejército grande y poderoso, de autoridad.  No es un ejercito cualquiera, es uno que está lleno de características muy particulares, en el cual solo los valientes y esforzados se atreven a decir “Heme aquí, envíame a mí”.

Para ser parte de este ejército debemos poseer la mente de Cristo, una mentalidad basada en lealtad y obediencia, Si dejamos que el Señor desarrolle en nosotros una mente victoriosa, entraremos en victoria. Cuando Dios dice “Victoria”, esta es la actitud que debemos adoptar.

Cuando hablamos de luchar por nuestra propia transformación personal o cuando luchamos por nuestras familias, ciudades y naciones, el Señor de los Ejércitos es al que queremos seguir en la batalla. Si hemos de tener éxito en nuestra lucha, debemos ver al Señor como gran Comandante que es, ya que es a Él a quien seguimos.

Apocalipsis 19:11-16 Entonces vi que el cielo se había abierto, y que allí aparecía un caballo blanco. El nombre del que lo montaba es Fiel y Verdadero, el que juzga y pelea con justicia. Sus ojos parecían dos llamas de fuego, y en su cabeza había muchas diademas, y tenía inscrito un nombre que sólo él conocía. La ropa que vestía estaba teñida de sangre, y su nombre es: «El verbo de Dios.» Iba seguido de los ejércitos celestiales, que montaban caballos blancos y vestían lino finísimo, blanco y limpio. De su boca salía una espada afilada, para herir con ella a las naciones. Él las gobernará con cetro de hierro; y pisará el lagar del ardiente vino de la ira del Dios Todopoderoso. En su manto y en su muslo lleva inscrito este nombre: «Rey de reyes y Señor de señores.»

Con amor y oraciones,

Magie de Cano

Magie de Cano

Autor: Magie de Cano

Autora del libro CONQUISTA TU MATRIMONIO, dirigido a mujeres, con estrategias y soluciones para un matrimonio con problemas basado en los principios de la Palabra de Dios.

Deja un Comentario