Medicina para el Stress, la ansiedad y la depresión

Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas. Salmo 103

EL STRESS NO ES UNA ENFERMEDAD SINO UN PECADO

Vemos comerciales que prometen alivio para el stress y la depresión, también podemos comprar píldoras para casi cualquier enfermedad mental o física. La ansiedad relacionada con el stress llegó a ser tan familiar y aceptada que se incorporó a nuestra vida diaria. Desafortunadamente, dejamos de reconocer a la ansiedad y el stress por lo que realmente son: “PECADOS”. Medicamos el stress pero no cambiamos los hábitos de temor que lo provocaron. No se engañe: el temor y la ansiedad son pecados. Esencialmente, el temor es un rechazo obstinado a confiar en la bondad de Dios o descansar en su poder. La ansiedad es un sub-producto de la incredulidad. Es un “ataque de pánico” espiritual del infierno que mata silenciosamente a decenas de miles todos los días.

No podrá hallar la cura para la ansiedad en una píldora. Una pastilla puede atenuar sentimientos incómodos y ajustar la química del cerebro, pero no podrá tratar la raíz espiritual del problema físico. Su serotonina puede estar baja… pero seguro que su fe en Dios también está baja. No podrá vencer el temor por medio de un libro de auto ayuda. Las enseñanzas almáticas pueden ajustar los patrones cognitivos y de comportamiento por un tiempo, pero el alma no se puede curar a sí misma, sin importar cuán determinados estemos hacia el cambio. La creencia que podemos ejercer el poder de nuestra voluntad para cambiar o redimirnos a nosotros mismos, es exactamente lo que el Señor vino a revertir en el Calvario.

Y, desafortunadamente, no conquistará el temor y la preocupación por medio de una impartición divina o la unción, tampoco asistiendo a una conferencia de gloria. Algunos creyentes desarrollan una dependencia de la unción de otros o aún del buen consejo y la oración, cuando el Señor nos pide a cada uno de nosotros que aprendamos a beber de su pozo dentro de nosotros, buscando al Espíritu Santo como nuestro Maestro y Consolador.

¿Cuál es el antídoto infalible contra la ansiedad? ¿Cómo arrepentirnos y ser sanos del asedio del pecado de temor? ¿Cómo levantarnos por encima del stress y habitar continuamente en la paz divina que Cristo alcanzó para nosotros en la Cruz? ¿Dónde podemos encontrar el antídoto para la ansiedad? ¿Dónde podemos encontrar la cura final para el temor?

El antídoto para los pensamientos o las emociones negativas es simple: debemos obedecer la Palabra de Dios. La única cura para el temor y la ansiedad está en la Palabra, la persona de Cristo. Pablo declara en Filipenses 4:6-7: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.

La respuesta para el stress y la ansiedad no es la medicación, sino el Maestro. Este es el patrón que necesitamos aprender: mientras nos enfocamos en nuestro interior y en nuestra voluntad, encontraremos a Cristo y podremos establecer nuestros afectos en Él. Así ajustaremos nuestros pensamientos a la Palabra, descubriendo que habitamos en paz. ¡Este es el andar de vencedor de Enoc! La presencia de Cristo en nosotros es nuestra seguridad que podemos vivir en paz, aún en tiempos de presión y turbulencia. La promesa es mucho más que sólo atravesar tiempos difíciles, Él nos promete perfecta paz y contentamiento constante.

¿Cómo esto puede ser verdad? Es verdad porque el Reino de Dios está dentro de nosotros. El Príncipe de Paz habita en nosotros. Tenemos un derecho adquirido por sangre para caminar de una manera ininterrumpida en el shalom, libres de toda ansiedad y temor, por la presencia viviente de Cristo en nuestro templo.

¿Esto suena demasiado bueno para ser cierto? Sin importar lo que nuestra mente o nuestro corazón pudieran argumentar, las Escrituras son siempre ciertas y están llenas de ejemplos de personas viviendo en paz en medio de situaciones desesperantes. Abraham creyó en Dios, aún mientras levantaba el cuchillo sobre Isaac. Caleb y Josué creyeron en las promesas de Dios luego de 40 años en el desierto. ¡María creyó en la Palabra de Dios y aunque no había conocido a ningún hombre, su alma se regocijó!

Cristo mismo creyó en su Padre, aún durante su crucifixión. Cuando venció al pecado, el temor y la muerte en el Calvario, podemos vencer junto con Él. Estamos unidos con Él en su muerte, entonces también estamos unidos con Él en su resurrección. La Cruz anuló el poder del temor y la ansiedad: no tendrían más poder legal sobre nuestras almas, a menos que lo permitamos.

Debemos arrepentirnos por permitir que el temor y la ansiedad gobiernen nuestra vida. Podemos y debemos experimentar la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano. En nuestra comunión con su resurrección, recibimos acceso amplio a la perfecta paz. ¿Cómo podemos habitar en su paz a pesar de la experiencia diaria? Manteniendo nuestra mente, voluntad y emociones fijas en Cristo.

Siempre que sus emociones lo remuevan de la paz, pida perdón y regrese al corazón de su Amado que está dentro de su Palabra. Cuando su voluntad lo separe de la paz, pida perdón y regrese a la dependencia radical en la buena voluntad de su Amado que está en su Palabra. Considere la promesa en Isaías 26:3-4: “Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna”.

Nunca dude que Dios es bueno y hace el bien Nahúm 1:7: “Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia y protector de los que en él confían”. Esta es la Roca sobre la cual estará firme cuando las tormentas se crucen en su camino Mateo 7:24-27. Sin embargo, a pesar de las tormentas, los planes y propósitos de Dios para usted son maravillosos Jeremías 29:11: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes, afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”.

Debe distinguir entre las verdades de Dios y los hechos de su existencia; si elige confiar en el Señor, no importa lo que sienta o perciba. No se detenga en los hechos de su vida, no piense sobre los hechos de su vida y no deposite sus emociones sobre los hechos de su vida… descanse sobre las verdades de estas Escrituras maravillosas y habitará en paz.

A pesar de la preocupación y la ansiedad, mantenga esto en mente: “La compasión y la misericordia del Señor son asombrosas” (Lamentaciones 3:20-24). Cuando recuerdo esto, tengo esperanzas. No me consumí porque su compasión no me falló, son nuevas cada mañana. ¡Grande es su fidelidad!

Su campo de batalla no son las circunstancias de su vida, para nada. El verdadero campo de batalla del enemigo es su mente, su voluntad y sus emociones. Al mantener sus pensamientos y corazón enfocados en las cosas buenas, protegerá su alma del ataque de las tinieblas.

Filipenses 4:8-9: “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes”.

Pablo escribió: “No estén ansiosos por nada” Filipenses 4:6. Debemos seguir enfocados en Cristo y en su Reino inconmovible si queremos habitar en paz durante estos días de caos Mateo 6:33-34: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas”.

No existe una guerra mayor que habitar con el Príncipe de Paz. El Dios de paz aplastará a nuestros enemigos debajo de nuestros pies Romanos 16:20. En el momento que sintamos la pérdida de la paz, debemos arrepentirnos y pedirle al Perdonador que nos inunde con su paz. No debemos dudar, Él traerá paz porque siempre guarda sus promesas.

Jeremías 17:13-14 Oh Señor, esperanza de Israel, todos los que te abandonan serán avergonzados. Los que se apartan de ti serán escritos en el polvo, porque abandonaron al Señor, fuente de aguas vivas. Sáname, oh Señor, y seré sanado; sálvame y seré salvo, porque tú eres mi alabanza.

Jeremías 33:6 He aquí, Yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad.

Bobby Conner

Con amor y oraciones,

Magie de Cano

Magie de Cano

Autor: Magie de Cano

Autora del libro CONQUISTA TU MATRIMONIO, dirigido a mujeres, con estrategias y soluciones para un matrimonio con problemas basado en los principios de la Palabra de Dios.

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