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Tiempo después, Dios probó la fe de Abraham. —¡Abraham! —lo llamó Dios. —Sí —respondió él—, aquí estoy. —Toma a tu hijo, tu único hijo —sí, a Isaac, a quien tanto amas— y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré. Génesis 22:1-2

Dios está buscando personas que estén dispuestas a obedecerle, aun cuando ellos no entiendan lo que Él está pidiendo. Al igual que Abraham cuando le pidió que sacrificara a su propio hijo. Abraham toda su vida soñó con el hijo que no llegaba. (Génesis 15:22) y cuando lo tuvo, Dios se lo pidió. Abraham no abortó su sueño, al atar a su hijo en el altar del sacrificio. Sino con fe, amor y obediencia, entregó lo que más amaba, el sueño de su vida a Dios. Y tuvo fe, en que depositaba su sueño en las mejores manos que existen en el Universo.

Abraham simplemente obedeció y dice: A la mañana siguiente, Abraham se levantó temprano. Quizás madrugó, no esperó, no cuestionó, simplemente obedeció y a primera hora de la mañana se levantó para hacer lo que Dios le pedía. Había algo en el corazón de Abraham que era más importante que Isaac: SU FE, SU AMOR POR DIOS Y SU TEMOR A EL.

Muchas veces Dios nos pide entregar en el altar del sacrificio lo que más amamos. Ese sueño, tan amado, tan buscado. Nos pide que dejemos de afanarnos en buscarlo, y de culparnos por no obtenerlo. Simplemente, con fe, dejarlo en el altar conscientes de que, todo lo que ponemos en el altar del sacrificio vuelve multiplicado. Muy oportuna esta palabra de Jennifer Leclaire que les comparto hoy.

“El Señor me muestra que está requiriéndonos dar un paso de fe hacia lo nuevo en esta temporada, y da un paso de fe, hacia algo nueva demanda poner algo en el altar que es importante para ti. Significa poner algo en el altar en lo cual tu identidad puede verse envuelta; algo por lo cual oraste durante mucho tiempo y finalmente lo lograste. Dios quiere ver si eso es más importante para ti que Él.

Has estado luchando con Dios, así como Jacob luchó con el ángel. Y le dijo: “No te soltaré hasta que me bendigas”. Has estado luchando con Dios, y Él desafió tu corazón a dar un paso de fe. Él desafió tu corazón para que le permitieras quitarte algunas cosas. Él ha permitido que te sientas tan miserable en tu situación actual; puede ser un trabajo, puede ser una relación, quizás es la iglesia en la que estás sentado. Dios ha permitido que te sientas tan miserable, porque te ha pedido que te mudes y no has querido moverte. No has querido salir. No has querido soltarlo, no has querido dejarlo atrás. Pero el Señor te dice hoy:

“Si lo pones en el altar, si das un paso de fe, si sigues a Mi Espíritu, dice Dios. Si haces lo que Yo te he pedido que hagas, te daré algo mucho mejor, mucho más grande, mucho más fuerte, mucho más pacífico en tu vida, y no se verá como lo que crees que será. Yo podría darte lo mismo que te estoy pidiendo que sacrifiques. O hacer que tome una nueva forma, de una nueva manera. Podría devolvértelo, quizás ni siquiera te pediría que lo sacrificaras. Solo quiero ver si lo pondrás en el altar, dice Dios. Oh, solo quiero ver si me obedeces, dice Dios. Solo quiero ver si tu fe es suficiente para la nueva temporada a la que te llamé, dice Dios. Solo quiero saber, pero más que eso, quiero que sepas, porque Yo ya sé lo que vas a hacer al final. Yo sé lo que harás mañana y la próxima semana, pero quiero mostrarte lo que hay en ti. Quiero arrancar de ti, el temor, quiero alejarte de la duda. Quiero alejarte de esas cosas que te están causando estrés y que te hacen daño y causan conflictos en tu alma, dice Dios. Quiero alejar esas cosas de ti. Quiero llevarte a un nuevo lugar de paz, un nuevo lugar de bendiciones, un nuevo lugar que no puedes ver”.

Génesis 22:9-12 Cuando llegaron al lugar indicado por Dios, Abraham construyó un altar y colocó la leña encima. Luego ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Y Abraham tomó el cuchillo para matar a su hijo en sacrificio. En ese momento, el ángel del Señor lo llamó desde el cielo: —¡Abraham! ¡Abraham! —Sí —respondió Abraham—, ¡aquí estoy! —¡No pongas tu mano sobre el muchacho! —dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque AHORA SE QUE DE VERDAD TEMES A DIOS. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo.

Con amor y oraciones,

Magie de Cano

Magie de Cano

Autor: Magie de Cano

Pastora y Conferencista Internacional en el Ministerio de la Mujer, autora del devocional profético Las Cartas de Magie y de los libros “Conquista tu Matrimonio” y “Cita con tu Destino”.

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