¿Y por mí, quién ora?

Publicada el
¿Y por mí, quién ora? - Las Cartas de Magie

A veces los días comienzan antes de que salga el sol.
Con un pie descalzo en el suelo y una oración rápida mientras preparas desayuno o recoges ropa del piso.
Oras por tus hijos, por sus golpes, sus emociones, sus decisiones.
Oras por el esposo que tal vez no ora, o por el trabajo que no rinde.
Oras por las finanzas, por la paz, por el futuro.

Y mientras todos siguen con su día, tú sigues orando.
Sigues resolviendo, organizando, absorbiendo emociones que no siempre sabes cómo manejar.
Porque eres tú la que se da cuenta de todo.
La que escucha lo que nadie dice.
La que llena los vacíos y se ajusta al caos.

Pero hay un momento —a veces a media tarde, a veces en la noche—
donde te detienes por un instante, y te haces la pregunta que duele:
¿Y por mí?
¿Quién ora por mí?
Quién se da cuenta cuando me siento al borde…
cuando también necesito un abrazo, un descanso, un milagro.

Tal vez no lo dices en voz alta.
Pero lo sientes.
Y a veces, hasta te lo reclamas:
“Si yo no me encargo de todo… ¿quién lo va a hacer?”

Pero déjame recordarte algo que el cielo no ha olvidado:

Tú también eres hija.
Tú también mereces ser sostenida.
Y Dios sí ve.
Y Dios sí escucha.
Incluso las oraciones que no logras decir en voz alta.

Hoy, esta oración es para ti

Señor, hoy me acerco a ti por cada mujer que está leyendo estas palabras con lágrimas en los ojos.
Por cada madre que ora en silencio, por cada esposa que se esfuerza más allá de sus fuerzas,
por cada hija tuya que se siente invisible, pero sigue firme.

Te pido, Espíritu Santo, que en este momento la abraces.
Que no solo le des fuerzas… sino que le recuerdes que no está sola.
Que no fue creada para cargar con todo, sino para descansar en Ti.

Quita la presión de tener que resolverlo todo.
Cubre su mente del agotamiento que le susurra que no está haciendo lo suficiente.
Restaura su alma en los lugares donde nadie más ha tocado.
Dale paz en lo profundo, esa paz que sobrepasa el ruido y el cansancio.
Hazle sentir que Tú ves cada gesto que nadie agradece.
Cada oración que parece pasar desapercibida.
Cada lágrima que cae en medio del lavar los platos o manejar en silencio.

Y Señor, yo te pido que la sorprendas.
Que alguien ore por ella, le hable, le diga: “Estoy aquí”.
Y si nadie lo hace, que Tu voz resuene más fuerte que cualquier ausencia humana.

Tú la conoces.
La amas.
Y no se te ha pasado por alto su fidelidad.
Recuérdale que aún en su debilidad, sigue siendo poderosa en Ti.

Y si está cansada…
que sepa que aún allí, arrodillada, agotada, temblando… sigue siendo una madre de rodillas.
Y eso es suficiente.

Amén.

Y si hoy estas palabras hablaron a tu alma…
Una Madre de Rodillas no es solo un libro, es un lugar de refugio.
Es un recordatorio constante de que orar no es tu última opción…
es tu mayor poder.
Y que mientras oras por todos, también puedes permitirte ser sostenida.

Conócelo aquí: unamadrederodillas.com

con amor y oraciones,

Magie de Cano





Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.