Tú sabes cuál arete es.
Está en el joyero, en la esquina donde no se revuelve con lo demás. Perdió a su par hace años y ahí sigue.
No te lo pones. No lo regalas. No lo tiras. Cada vez que abres el joyero lo ves, y cada vez vuelves a cerrar la tapa.
Ese arete no está ahí por descuido.
Está ahí porque es la prueba. La prueba de que sí lo tuviste, de que no te lo inventaste, de que eso que se acabó alguna vez fue tuyo de verdad. Continuar Leyendo »
