Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Salmos 42:1-2
Hay un clamor que está despertando en esta generación, un clamor que no puede ser saciado con otro servicio, otro sermón o un momento más de emoción. Hay un gemido que está surgiendo desde las profundidades del alma. Un anhelo santo. Un deseo profundo de tener más de Él. Continuar Leyendo »
