Tú conoces ese chat en el teléfono. El nombre arriba de todos, el numerito rojo de las notificaciones, el mensaje que ya sabes de memoria antes de abrirlo.
Llevas meses trabajando por dentro. Oraste, leíste, perdonaste cosas que ni sabías que seguías cargando.
Y ahí sigue el mismo chat. El mismo comentario. La misma persona que no ha cambiado ni una coma.
Entonces te preguntas si en realidad cambiaste algo, o si solo te volviste mejor aguantando lo que sigue exactamente igual. Continuar Leyendo »
