Manejas hacia el trabajo por la misma ruta de siempre.
Y de repente, sin saber exactamente cómo, ya llegaste. No recuerdas los semáforos, no recuerdas las vueltas, no recuerdas nada del trayecto. Tu cuerpo condujo todo el camino en piloto automático mientras tu mente estaba en otro lugar completamente distinto.
Lo mismo pasa cocinando. Terminas de preparar el almuerzo y no sabrías decir en qué momento picaste la cebolla o encendiste la estufa. Las manos sabían qué hacer. Continuar Leyendo »
