Mi hijo llegó un día con los brazos llenos de cajas. No nos íbamos a mudar. Pero empezó a empacar todo con tanta prisa que cualquiera hubiera dicho que se iba esa misma noche.
Es de los que, cuando deciden orar por algo, no se quedan solo orando. Ese día había empezado a orar por una promesa muy concreta, y esa misma tarde ya estaba empacando, como si activara la fe con las manos.
Empacó su cuarto entero. Continuar Leyendo »
