La maceta lleva meses en el balcón, vacía.
La compraste tú. Te acuerdas del día y hasta de lo que te costó.
Y ahí sigue, boca arriba, juntando polvo y agua de lluvia, sin una cucharada de tierra adentro.
Cada vez que sales pasas junto a ella y no la mueves. Tampoco la tiras.
Y no es por la maceta.
Es por los ingredientes que compraste para ese platillo especial, los que terminaron caducados en la alacena. Continuar Leyendo »
