Lo que te sostenía se está acabando, y hay una pregunta que te da pena decir en voz alta: ¿quién se va a acordar de mí? Creo que Dios se acuerda, y que lo que necesitas puede llegar por una mano que nunca habrías escogido.
Puede ser el dinero que antes alcanzaba y ahora no, un trabajo que se terminó, una salud que ya no responde como antes, una persona que siempre estaba y ya no está, o las fuerzas. Continuar Leyendo »
