Hace poco estaba en una cena, y alguien en la mesa se subió la manga para enseñar una cicatriz.
Al ratito todos estaban enseñando la suya. Tú sabes cómo es.
Tú también sacas las tuyas. La de la rodilla, de cuando te caíste de niña. La del dedo, del día que cortabas algo con prisa y se te fue el cuchillo.
Hay una que quedó con forma de corazón, y esa hasta la presumes. Hay otras que ya casi no se ven, y tienes que buscarlas para poder enseñarlas. Continuar Leyendo »
