No es que no te alegres.
Sí te alegras.
De verdad.
Te alegras cuando tu amiga dice “¡me propuso matrimonio!”.
Cuando te enseña la foto del anillo.
Cuando te pide que seas su dama.
Cuando llega el gran día y la ves caminar hacia el altar con los ojos brillando.
Pero cuando termina la fiesta,
cuando guardas tu vestido de dama,
cuando regresas sola a casa…
algo se mueve por dentro.
Una punzada leve.
Un pensamiento no invitado.
Una pregunta que susurra más fuerte de lo que quisieras admitir:
“¿Y a mí… cuándo me toca?”
No lo dices en voz alta.
Porque amas a tus amigas.
Porque no quieres sonar envidiosa.
Porque sabes que Dios tiene planes… pero a veces parecen retrasarse para ti.
Y aunque intentas callar el ruido,
algo se agita dentro de ti.
Recuerdos de relaciones que no fueron.
Promesas que no se cumplieron.
Errores que preferirías no recordar.
Palabras como “espera”, “proceso”, “aún no”…
Y empiezas a preguntarte,
“¿Dios, te olvidaste de mí?”
He estado allí.
Y más mujeres de las que imaginas también.
No es que no creas en el amor.
Es que a veces, el silencio duele más que el “no”.
Y en medio de tantas celebraciones ajenas,
tu corazón empieza a preguntarse si alguna vez será tu turno.
Pero déjame recordarte algo…
Dios no te dejó fuera de la historia.
Él no escribe con prisa.
Él no repite guiones.
Él no se olvida de lo que soñaste cuando eras niña.
Y no, no estás esperando “cualquier” historia.
Estás esperando la correcta.
La que fue escrita para ti.
La que no solo tendrá romance,
sino propósito.
“A su tiempo dirá: ‘Ella es mía’…
porque yo ya lo había dicho desde antes.”
— Isaías 46:10 (parafraseado)
Tal vez esta temporada no se siente gloriosa.
Tal vez parece que estás repitiendo el mismo papel de siempre:
la amiga fiel, la dama de honor, la que aplaude desde el asiento.
Pero lo que Dios está haciendo en ti,
no es solo una espera…
es una preparación.
Él no solo está escribiendo una historia de amor.
Está formando una mujer que pueda sostener esa historia.
Una mujer con carácter.
Con fe.
Con raíces.
Una mujer con destino.
Y si esta lectura te arrancó algunas lágrimas,
no estás sola.
Este es tu tiempo de afirmarte.
De dejar de compararte.
De recordar que tu historia no se ha olvidado… está en construcción.
Señor, hoy traigo delante de Ti mis preguntas silenciosas,
esas que no siempre comparto con otros…
pero que tú conoces bien.
Cuando me siento invisible, recuérdame que soy tu deleite.
Cuando mi corazón duda, recuérdame que tú no olvidas.
Cuando parezca que todos avanzan menos yo,
hazme recordar que mi reloj está en tus manos…
y que tú nunca llegas tarde.
Y cuando llegue ese día,
cuando camine hacia mi destino,
quiero llegar con el corazón entero.
No con cicatrices de comparación,
sino con testimonio de fe.
Amén.
Cita con tu Destino no es solo un libro para mujeres que ya lo tienen todo resuelto.
Es para ti, que estás en la mitad del proceso,
aprendiendo a confiar…
y preparándote para un amor que viene con propósito.
Conócelo aquí citacontudestino.com
Con amor y oraciones,
Magie de Cano
Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.
