Imagina por un momento que Dios te susurra al oído:
“Mañana, a esta hora, llega la respuesta que tanto has orado.”
¿Cómo pasarías el día de hoy?
Probablemente harías tu primera cita en el salón de belleza.
Ordenarías tu casa.
Doblarías esa ropa que ha estado semanas sobre la silla.
Regarías las plantas que dejaste secar.
Limpiarías cada rincón como si estuvieras a punto de recibir la visita más importante de tu vida.
Seguramente comprarías un vestido nuevo,
y no te alcanzarían las horas del día para todos los preparativos que tendrías en mente.
Nada viejo sería suficiente para recibir lo nuevo.
Todo tendría que ser perfecto.
Ahora piensa en esto:
¿por qué esperar a que llegue el “mañana” para empezar a vivir así?
Si todo lo darías nuevo, si todo lo adornarías de lo mejor,
¿por qué conformarte con las migajas del pasado?
¿Cómo podrías abrazar lo nuevo si aún revisas las redes sociales de ese viejo amor?
¿Cómo recibirías lo que Dios quiere darte si aún lees las cartas y guardas los recuerdos de lo que ya no fue?
¿Cómo caminar hacia adelante si sigues atada al “mejor momento de tu vida” que ya quedó atrás?
Lo cierto es que muchas veces decimos estar listas para lo nuevo,
pero ofrecemos solo pedazos de nosotras.
Nos convencemos de que podemos entregar una vida a medias,
como si fuera suficiente dar lo que sobró después del dolor.
Pero seamos sinceras: ¿te gustaría recibir un regalo incompleto?
Claro que no.
Tampoco a ese hombre que Dios tiene preparado para ti.
Él merece una naranja completa, no una media naranja únicamente.
Un corazón sano, no solo lo que quedó después de las heridas.
La Biblia dice:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23
Ese es el verdadero punto de partida: cuidar y sanar tu corazón hoy,
para que cuando llegue lo nuevo, no lo recibas con heridas abiertas,
sino con plenitud, entereza y esperanza.
Quizá al leer esto pienses:
“Pero ya lo intenté, he esperado tanto, y nada pasó.”
Déjame decirte algo: esperar en Dios nunca es en vano.
Él no se olvida de lo que promete.
Y aunque no lo veas aún, mientras tú sientes que nada sucede,
Él está trabajando en ti, preparando tu interior,
para que lo que llegue no te encuentre incompleta,
sino lista para florecer.
Y si estás leyendo estas palabras con enojo, decepción o incluso ira por tus experiencias pasadas,
quiero decirte que está bien sentirlo.
Tus emociones son válidas.
Pero lo que no está bien es que el pasado y esos sentimientos gobiernen tu futuro y te roben del destino que Dios ya escribió para ti.
Si cuando escuchas hablar de amor, o ves a alguien avanzar hacia el matrimonio,
lo que sientes no es alegría sino dolor o envidia,
es una señal de que aún hay cosas en tu corazón que necesitan ser sanadas.
No para condenarte, sino para liberarte.
Porque no puedes florecer si tus raíces siguen atadas al ayer.
Oremos juntas
Señor, gracias porque me recuerdas que aún mis heridas pueden ser sanadas.
Hoy decido examinar mi corazón y ponerlo en tus manos.
Sáname de los recuerdos que me atan,
de las palabras que me marcaron,
y de los sentimientos que me roban la esperanza.
Hazme libre para soltar el pasado
y valiente para abrazar lo nuevo que tienes para mí.
Amén.
Cita con tu Destino es más que un libro, es un llamado a prepararte desde hoy.
A sanar tu corazón, a soltar lo que ya no fue,
y a levantarte con la certeza de que lo que viene de Dios será mejor.
Descúbrelo en citacontudestino.com y comienza hoy a vivir como si mañana llegara la respuesta.
Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.
