A veces el milagro llega por la fe de los que te rodean

Publicada el
A veces el milagro llega por la fe de los que te rodean - Las Cartas de Magie

¿Alguna vez has tenido que cargar algo que parecía más grande que tus fuerzas?
Quizás a tu hijo dormido desde el carro hasta su cama.
O las bolsas pesadas del súper cuando nadie podía ayudarte.
O, más invisible aún, cargar con la preocupación por alguien que amas, aunque no lo diga en voz alta.

Es curioso: cuando llevamos cargas que no nos corresponden, nos agotamos.
Pero cuando llevamos a alguien que amamos hacia un lugar de esperanza, la fuerza aparece de donde no teníamos.

Eso mismo pasó un día en una casa de Cafarnaúm.
Estaba tan llena de gente que era imposible entrar.
Un paralítico había llegado hasta allí cargado por sus cuatro amigos.
No podían pasar por la puerta… así que subieron al techo, lo abrieron y lo bajaron justo frente a Jesús.

Ridículo para muchos.
Escandaloso para otros.
Un acto de amor y fe para todos.

Y entonces ocurrió lo que nadie esperaba:
“Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” — Marcos 2:5

¿Notas lo sorprendente?
No fue solo la fe del enfermo la que abrió el milagro.
Fue la fe de sus amigos.

La fe compartida.
La fe que se atreve a cargar.
La fe que no se conforma con barreras ni excusas.

Hoy quiero preguntarte algo:
¿Quién te está cargando cuando tus fuerzas no alcanzan?
¿Quiénes son esas amigas que oran por ti, aun cuando tú ya no puedes orar?
¿Quién se atreve a subir al techo contigo y bajar la camilla de tu vida frente a Jesús?

Porque todas necesitamos rodearnos de mujeres así.
Amigas con una fe escandalosa, que no se rinden.
Mujeres que no se conforman.
Que oran, que sostienen, que insisten.

Y también todas estamos llamadas a ser esa mujer.
La que ora cuando la otra ya no puede.
La que recuerda que la fe es contagiosa.
La que, aun en el cansancio, sigue creyendo que Jesús puede.

Oremos juntas:
Señor, gracias por las amigas de fe que has puesto en mi vida.
Gracias porque, aunque muchas veces me he sentido sola o sin fuerzas,
Tú siempre has usado a alguien para cargarme delante de Ti.
Hazme también esa amiga para otros.
Que mi fe inspire, que mis oraciones sostengan,
y que mi amor no se canse de llevar a otros a tus pies.
Amén.

Querida mujer, ser totalmente nueva no significa hacerlo todo sola.
Significa abrirte a la posibilidad de rodearte de un rebaño de fe.
De amigas que te carguen cuando caes, y de ser tú la que carga cuando alguien más lo necesita.

Por eso escribí Mujer Totalmente Nueva: para recordarte que hay temporadas que no atravesamos solas,
sino tomadas de la mano de otras, compartiendo la fe que nos levanta.

Quizás este sea tu momento de iniciar ese círculo de fe.
De invitar a tus amigas a leer juntas, a orar unas por otras, a caminar en unidad.
No tienes que esperar a que alguien más lo haga: puedes empezar tú.

Y Mujer Totalmente Nueva puede ser el lugar perfecto para comenzar.
Empieza hoy en mujertotalmentenueva.com
y deja que tu fe, junto con la de otras, abra el camino al milagro.





Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.