Declara Victoria Sobre las Semillas de tu Pasado

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Declara Victoria Sobre las Semillas de tu Pasado - Las Cartas de Magie

Recuerdo que, en la casa donde crecí, el vecino tenía un árbol de mangos tan frondoso y generoso que varias de sus ramas se extendían sobre nuestro patio.

Para nosotros, era una bendición ideal. Disfrutábamos de sus frutos dulces sin haber sembrado la semilla, sin haber regado el tronco ni cuidado de él. Simplemente recibíamos una cosecha que no habíamos cultivado.

En la vida, a menudo disfrutamos de las buenas semillas que otros sembraron.

Pero, ¿qué sucede cuando el árbol del vecino no es de mangos? ¿Qué pasa si es un árbol que solo da espinas, o uno que da un fruto amargo que, al caer, ensucia y pudre todo a su alrededor?

Aunque tampoco lo hayamos plantado, estamos obligados a vivir con sus consecuencias.

En la vida espiritual sucede exactamente lo mismo.

Muchas veces, vivimos comiendo el fruto amargo de semillas que otras voces sembraron en nuestro corazón hace mucho tiempo.

Son las etiquetas que nos pusieron en la infancia o en relaciones pasadas. Esas frases que se arraigaron en el alma como raíces profundas y tercas:

«No eres suficientemente buena». «Nunca lo vas a lograr». «Siempre te equivocas en lo mismo». «Nadie te va a tomar en serio».

Esas palabras son semillas. Y un corazón que ha sido cultivado con esas semillas venenosas no puede, por sí solo, producir un fruto bueno.

Oramos a Dios pidiendo una cosecha de victoria, pero nuestra boca sigue «profetizando» la única cosecha que conoce: la derrota, la escasez, la mediocridad.

No lo hacemos porque queramos. Lo hacemos porque, como dice la Escritura, «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mt 12:34).

Si el corazón está lleno de heridas, hablaremos desde la herida. Si el alma está fracturada por palabras ajenas, profetizaremos nuestro fracaso.

Aquí es donde el simple «pensar positivo» se queda corto. Es como intentar pegar mangos en un árbol de espinas; el fruto sigue siendo falso porque la raíz no ha cambiado.

No podemos plantar semillas nuevas de fe en una tierra que está llena de raíces viejas y amargas.

Antes de poder sembrar, Dios necesita sanar la tierra. Él necesita arrancar de raíz lo que nos está ahogando.

He estado en ese lugar. He luchado con las etiquetas que me pusieron y con las que yo misma me puse. He sentido el dolor de ver cómo mi vida daba un fruto que yo no deseaba, repitiendo ciclos que me lastimaban.

Por mucho tiempo, yo misma intenté «pensar positivo» y «declarar la victoria» sobre esas raíces amargas. Pero nada cambiaba. Seguía tropezando.

Fue en esa frustración, arrodillada, que entendí que no podía arrancar esas raíces yo sola. Necesitaba que el Jardinero Divino sanara la tierra de mi corazón. Ese descubrimiento, ese viaje doloroso pero liberador, es la razón por la que escribí Mujer Totalmente Nueva.

Cuando permitimos que Dios sane la tierra de nuestro corazón, algo milagroso ocurre. Las palabras que hablamos ya no nacen de la herida, sino de la redención.

Imagínalo. ¿Cómo sería vivir un día sin tener que luchar contra esa voz interna que te critica? ¿Cómo sería despertar sintiéndote definida por la gracia de Dios, y no por los errores de ayer?

Eso es lo que es posible para ti.

Una vida transformada no significa que ya no tendrás problemas. Significa que los problemas ya no te tendrán a ti. Significa que la paz de Dios guardará tu corazón, y tus palabras comenzarán, natural y genuinamente, a alinearse con la verdad de Dios.

Dejarás de «profetizar derrota» porque tu corazón ya no estará lleno de derrota. Empezarás a hablar vida, porque el Dador de la Vida habrá hecho su morada en ti.

Esa es la verdadera Mujer Totalmente Nueva. No es una mujer perfecta, sino una mujer restaurada, completa y libre.

Tomemos un momento para invitarlo a ese jardín del corazón.

Padre Celestial, reconozco que he vivido comiendo del fruto de semillas que yo no planté. Te pido hoy que entres en el jardín de mi corazón. Arranca toda raíz de amargura, toda palabra de maldición y toda etiqueta falsa que ha definido mi vida. Sáname, Señor. Limpia mi tierra para que, desde hoy, pueda sembrar las semillas de tu verdad y cosechar una vida de bendición y victoria. En el nombre de Jesús, Amén.

Amada amiga, esta oración es el primer paso. La sanidad es un viaje, no un instante. Si te has sentido definida por las palabras de ayer, si sientes que tu vida da un fruto que tú no deseas, quiero decirte que hay esperanza. Tu historia no ha terminado.

Pero la sanidad es un proceso que requiere decisión y herramientas. En Mujer Totalmente Nueva, caminamos juntas por ese proceso, paso a paso, aprendiendo a desenterrar las mentiras y reemplazarlas con la verdad.

No es solo un libro, es una guía para que le entregues la pala al Jardinero Divino.

Si estás lista para dejar de comer el fruto amargo de ayer y empezar a cultivar la vida nueva que Dios sembró en ti, te espero. Visita mujertotalmentenueva.com y demos juntas ese primer paso hacia tu restauración.

con amor y oraciones,

Magie de Cano





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