Mujer, levántate y anda

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Mujer, levántate y anda - Las Cartas de Magie

En el Evangelio de Juan, hay una historia que sacude mi corazón. Es la historia de un hombre que llevaba 38 años paralítico, acostado junto al estanque de Betesda.

Había allí una multitud de enfermos, ciegos y paralíticos, todos esperando lo mismo: que un ángel agitara el agua. Creían que el primero en entrar después de ese movimiento sería sanado.

Cuando Jesús pasa y ve a este hombre, sabiendo el tiempo que llevaba allí, le hace una pregunta directa y profunda: «¿Quieres ser sano?» (Juan 5:6).

La respuesta del hombre es reveladora. Él no dice «Sí».

Él da una excusa. Él dice: «Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo» (Juan 5:7).

Este hombre estaba rodeado por una «solución», pero una solución que no le funcionaba. Había puesto toda su esperanza en el método del mundo (el estanque, el ángel), en lugar de clamar al Dios que hizo el agua.

¿Cuántas de nosotras, amada amiga, vivimos así?

No estamos en un estanque físico, pero estamos «acostadas» al borde de nuestras heridas. Estamos paralizadas por el dolor, la vergüenza, el desánimo o la ansiedad.

Y hemos puesto nuestra fe en las «soluciones» de este mundo.

Cuando el alma duele, nuestra primera llamada es al psicólogo. Cuando la ansiedad aprieta, nuestra primera visita es al médico para buscar una pastilla. Cuando nos sentimos solas, nos refugiamos en las redes sociales, en las compras o en relaciones superficiales.

No me malinterpretes. Dios usa médicos y la ciencia es una bendición. Pero hemos cometido un error: hemos hecho de las herramientas nuestra Fuente.

Vamos al experto terrenal para que sane una herida que es espiritual. Vamos a la farmacia a buscar una paz que solo se encuentra de rodillas.

He conocido a tantas mujeres que, en el fondo, no están enfermas de la manera en que el mundo lo entiende. No necesitan más medicinas. Lo que necesitan desesperadamente es entregar sus circunstancias a Jesús.

Necesitan sanidad interior. Necesitan ser hechas totalmente nuevas.

El problema es que tratamos a Jesús como el último recurso, no como la primera opción.

Vamos al estanque de Betesda por 38 años, esperando que algo externo nos sane. Y Jesús está de pie a nuestro lado, todo el tiempo, haciéndonos la misma pregunta: «¿Realmente quieres ser sana?».

Y nosotras, como el paralítico, le respondemos con nuestras excusas: «Es que mi pasado fue muy duro…» «Es que nadie me ayuda…» «Es que la herida es muy profunda…» «Ya intenté orar y no funcionó…»

Jesús no sanó la excusa del hombre. De hecho, la ignoró. Él le dio una orden que requería fe: «Levántate, toma tu lecho, y anda» (Juan 5:8).

La sanidad que Jesús ofrece no es una curita para el dolor; es una transformación total.

Pero para recibirla, debemos dejar de mirar el estanque. Debemos dejar de confiar en que «otro» nos meta al agua. Debemos poner nuestros ojos en Él y obedecer Su palabra.

Este es el corazón de mi libro, Mujer Totalmente Nueva.

Aprendí en mi propio proceso que la verdadera sanidad comienza cuando dejamos de esperar que el mundo nos arregle y nos arrodillamos ante el Creador.

Él no solo quiere aliviar tus síntomas; Él quiere arrancar la raíz del dolor. Él no quiere cubrir tu vergüenza; quiere darte una nueva identidad.

Tu situación actual no es tu destino final. Ese corazón roto, esa ansiedad, esa frustración… son solo la situación temporal. Pero Dios tiene una sanidad permanente para ti.

No pases un día más esperando al borde del estanque. El Sanador está frente a ti.

Oremos juntas

Padre Celestial, te confieso que muchas veces he buscado sanidad en todos los lugares equivocados. He esperado que el «agua se mueva» en mi trabajo, en mis finanzas o en mis relaciones, cuando la verdadera Fuente de mi sanidad eres Tú. Perdóname por hacerte mi última opción. Hoy, dejo de mirar el estanque. Te miro a Ti. Jesús, te pido que sanes mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Ya no quiero solo sobrevivir; quiero ser totalmente nueva. En tu nombre, Amén.

Amada, yo también he estado acostada junto a ese estanque, esperando que algo o alguien me sanara. Conozco el dolor de sentir que estás sola en tu parálisis.

Pero aprendí que la sanidad no está en el método, sino en el Maestro.

Si te sientes estancada, si has probado todas las soluciones del mundo y sigues sintiéndote vacía, escribí Mujer Totalmente Nueva para ti. Es una guía para dejar de esperar que «alguien» te sane y responder al «Yo Soy» que nos hace nuevas.

No estás sola en esto. Te invito a encontrar las herramientas para tu restauración en mujertotalmentenueva.com.





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