Se acerca el final del año y, si somos honestas, para muchas de nosotras este no es solo un tiempo de luces y celebración, sino de un balance silencioso y doloroso.
Miras el calendario y el pensamiento te golpea: «Otro año más… y sigo en las mismas».
Quizás comenzaste enero con una promesa en el corazón —un milagro en tu matrimonio, la sanidad de tu cuerpo, un hijo que anhelas, o un sueño ministerial— y ahora, al ver los días agotarse, la voz del desánimo te susurra: «Dios no hizo nada. Llegó tarde. Ya se acabó el tiempo».
Entiendo ese nudo en la garganta. Es el mismo dolor que sintieron Marta y María.
Ellas hicieron todo «bien». Enviaron a llamar a Jesús cuando Lázaro estaba enfermo. Tenían fe. Sabían que Él podía sanarlo. Pero Jesús se quedó donde estaba dos días más.
Cuando finalmente llegó, el escenario era desolador: Lázaro llevaba cuatro días en la tumba. Para la lógica humana, ya era demasiado tarde. La situación no solo estaba muerta, sino que, como dijo Marta con dolorosa honestidad, «ya hedía» (Juan 11:39).
Tal vez así sientes tu situación hoy. Sientes que tu esperanza ha muerto, que tus sueños «huelen mal» por el tiempo que han pasado estancados, y que Jesús llegó tarde a la cita de este 2024.
Pero quiero que escuches esto con tu espíritu: La demora de Dios no es Su negación; es Su preparación para una gloria mayor.
Jesús no llegó antes porque Su plan no era sanar a un enfermo (algo que cualquiera esperaría); Su plan era resucitar a un muerto (algo que solo Dios puede hacer).
Si Dios ha permitido que llegues al final de este año sin esa respuesta que esperabas, no es porque te haya olvidado. Es porque Él no quiere poner un «parche» en tu situación actual. Él no quiere simplemente «mejorar» tu año viejo. Él quiere hacer una obra de resurrección.
Hay una diferencia abismal entre una curación y una resurrección. Una curación arregla lo que existe; una resurrección trae a la existencia lo que ya no estaba.
En Mujer Totalmente Nueva, hablo de la promesa de Apocalipsis: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» . Dios no dijo «yo reparo todas las cosas», Él dijo que las hace nuevas.
Quizás Dios permitió que tus métodos humanos, tus fuerzas y tus plazos «murieran» este año para que, cuando el milagro suceda, nadie tenga duda de que fue Su mano.
Él es experto en pararse frente a las tumbas de nuestros sueños, esos lugares fríos donde ya perdimos la esperanza, y gritar con autoridad: «¡Sal fuera!».
No cierres tu corazón antes de que suene la última campanada. No permitas que la fecha del calendario dicte tu fe. Para Dios, un día es como mil años y mil años como un día. Él puede hacer en un instante, en el último minuto, lo que no sucedió en doce meses.
Tu situación puede parecer imposible, pero mientras Jesús esté presente, la historia no ha terminado. Lo que parece un final, en las manos de Dios, es solo el escenario para Su mayor milagro.
Quita la piedra de la incredulidad. Deja de mirar el reloj y mira al Resucitador. ¡Aún hay tiempo!
Oremos juntas
Señor Jesús, te confieso que me he sentido desanimada al ver que el año termina y mi milagro no ha llegado. He pensado que llegaste tarde. Pero hoy, decido creer por encima de mi calendario y de mis ojos naturales. Te entrego mis sueños «muertos» y mis esperanzas frustradas. Creo que Tú eres la Resurrección y la Vida. Si no lo hiciste a mi manera, es porque vas a hacerlo a tu manera gloriosa. Remueve la piedra de mi incredulidad y llama a vida lo que yo di por perdido. Declaro que mi año no termina en derrota, sino en expectativa de Tu gloria. En tu nombre, Amén.
Amada, no entres al nuevo año arrastrando el polvo de la tumba del año viejo. Dios quiere renovar tu mente y tu esperanza hoy mismo.
Si necesitas ayuda para sacudirte esa desilusión y levantarte con una fe fresca para lo que viene, escribí Mujer Totalmente Nueva pensando en ti. Es una invitación a dejar que Dios reescriba tu historia, no desde tus heridas o retrasos, sino desde Su poder de resurrección.
Prepárate para lo nuevo. Encuentra tu guía en mujertotalmentenueva.com.
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