Hay una historia antigua sobre un padre que le construyó alas de cera y plumas a su hijo para escapar de una prisión. La advertencia fue clara: «No vueles demasiado alto, porque el sol derretirá la cera y caerás».
¿Cuántas veces has escuchado esa misma advertencia en tu vida espiritual y emocional?
Desde pequeñas, muchas hemos sido condicionadas con frases que parecen prudencia, pero que en realidad son jaulas disfrazadas: «No sueñes tan alto, que la caída duele más». «Confórmate con lo que tienes». «No te hagas ilusiones». «Mira lo que le pasó a tu tía/madre/abuela por intentar salir de su lugar».
Nos enseñaron a tenerle terror a la altura. Nos convencieron de que «volar alto» es sinónimo de orgullo o de peligro inminente. Y quizás, alguna vez intentaste alzar el vuelo, tuviste un tropiezo, y esas voces resonaron: «¿Ves? Te lo dije». Y desde entonces, decidiste que el suelo era el lugar más seguro.
Pero en esa historia antigua, había una segunda advertencia que casi siempre se olvida, y que es la que Dios puso en mi corazón para ti hoy: No vueles demasiado bajo, porque la humedad del mar mojará tus alas, se volverán pesadas y te ahogarás.
Amada, el peligro no está solo en la caída; el peligro está en acostumbrarse a la llanura.
Cuando volamos bajo, nuestras alas espirituales se impregnan de la «humedad» del mundo: la amargura, la mediocridad, la queja y el conformismo. Nos acostumbramos a vivir a ras del suelo, sobreviviendo en lugar de conquistando.
Volar bajo se siente seguro porque nadie te critica, nadie te mira y no hay riesgo de caer… porque ya estás en el suelo. Pero esa «seguridad» es una trampa mortal para tu propósito. Una mariposa que decide caminar por miedo a volar, tarde o temprano será pisoteada.
En Mujer Totalmente Nueva, utilizo la analogía de la metamorfosis porque es el diseño de Dios para ti. Una oruga está diseñada para arrastrarse, pero una mariposa está diseñada para las alturas .
Si Dios te ha transformado, si Él te ha hecho una nueva criatura, ya no tienes la anatomía para arrastrarte. Quedarte en el suelo, atada a los fracasos del pasado o a las limitaciones de tu linaje familiar, te va a asfixiar.
Quizás tus padres no tuvieron las herramientas para volar. Quizás heredaste una mentalidad de «no se puede». O tal vez, ese único fracaso del pasado se convirtió en una sentencia de cadena perpetua en tu mente.
Pero Dios te dice hoy: «Rompo el techo que otros te pusieron».
No fuiste creada para la seguridad del suelo, sino para la libertad de los cielos. Dios no te da alas de cera que se derriten; Él te promete que «levantarás alas como las águilas» (Isaías 40:31). Sus alas son resistentes al sol de la prueba y a la tormenta de la vida.
Es hora de secar esas alas que han estado mojadas por las lágrimas de la autocompasión y el miedo. Es hora de dejar de pedir permiso para ser quien Dios te llamó a ser.
Oración
Padre Celestial, te pido perdón por haberme conformado con vivir a ras del suelo. He permitido que el miedo al fracaso y las palabras de otros corten mis alas. Hoy, renuncio a la comodidad de la mediocridad. Renuncio a la mentira de que «es más seguro abajo». Señor, seca mis alas de la humedad de la tristeza y el conformismo. Dame la valentía para creer que puedo volar alto, no por mis fuerzas, sino porque Tú eres el viento que me impulsa. Rompo todo techo de limitación sobre mi vida y me lanzo a tus propósitos. En el nombre de Jesús, Amén.
Amada, si sientes que tus alas están pesadas, si el miedo al fracaso te ha mantenido volando bajo, necesitas recordar quién eres.
En Mujer Totalmente Nueva, te ayudo a sanar esas alas rotas, a romper las etiquetas del pasado y a fortalecerte para el vuelo que Dios diseñó para ti. No te conformes con caminar cuando naciste para volar.
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