No necesitas más maquillaje, necesitas más favor…

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No necesitas más maquillaje, necesitas más favor… - Las Cartas de Magie

Estamos en medio de estos 21 días de ayuno y sé lo que puedes estar sintiendo. A estas alturas, el cuerpo empieza a reclamar, el dolor de cabeza aparece y, si somos honestas, a veces nos descubrimos contando las horas para comer, convirtiendo este tiempo sagrado en una simple prueba de resistencia física. Pero hoy quiero que hagamos una pausa y pongamos bajo el microscopio una de las historias más fascinantes de la Biblia para entender qué es lo que realmente estamos haciendo: la historia de la Reina Ester.

A menudo recordamos a Ester por su belleza. Leemos los primeros capítulos y vemos su «tratamiento de spa» de doce meses: seis meses con aceite de mirra y seis meses con perfumes y cosméticos. Nos encanta esa parte porque nos habla de cuidado, de belleza y de favor. Pero hay una segunda preparación de Ester de la que se habla menos, y esa es la que determina si somos simplemente mujeres bonitas o si somos guerreras espirituales.

Bajo el microscopio, vemos que la situación cambió drásticamente. Ya no se trataba de un concurso de belleza; se trataba de un decreto de muerte. Amán había firmado la destrucción del pueblo de Dios. Y aquí es donde Ester tuvo que tomar una decisión radical. Ella sabía que su belleza física, sus vestidos reales y su maquillaje perfecto no tenían el poder para detener la muerte. Ella entendió que para enfrentar al rey en un momento no permitido —algo que le podía costar la cabeza— no necesitaba más perfume; necesitaba favor divino.

Por eso convocó a un ayuno absoluto. Ester dijo: «Si perezco, que perezca». Esa frase no es resignación; es la determinación de una mujer que sabe que su lucha no es contra carne ni sangre. Ester dejó de depender de lo que se veía (su belleza) para depender totalmente de lo invisible (el Dios de Israel).

¿Por qué te digo esto hoy? Porque muchas de nosotras estamos enfrentando nuestros propios «decretos de muerte». Quizás no es una horca literal como la de Amán, pero es el diagnóstico médico que te dieron, es la demanda de divorcio que llegó a tu mesa, es la rebeldía de tu hijo que parece incontrolable o la deuda que amenaza con quitarte tu casa. Y el error que cometemos es tratar de pelear estas batallas con «tratamientos de belleza»: tratamos de agradar a la gente, tratamos de manipular la situación con nuestras palabras, o tratamos de resolverlo con nuestras propias fuerzas humanas.

En Mujer Totalmente Nueva te enseño que la verdadera renovación no es externa, es interna y espiritual. El ayuno que estamos haciendo estos 21 días no es para que Dios te quiera más o para «torcerle el brazo». El ayuno es para que tú, al igual que Ester, mueras a tu «yo» para que nazca tu autoridad. Cuando Ester se presentó ante el rey después del ayuno, ella brillaba con algo que el aceite de mirra no podía darle. Ella tenía una gloria y un peso espiritual tal, que el rey no tuvo más remedio que extenderle el cetro de oro.

Amada, si estás ayunando solo para cumplir, te estás perdiendo el milagro. No veas el ayuno como una carga física; velo como tu estrategia de guerra. Estás debilitando tu carne para que tu espíritu se levante con poder. Estás callando tu estómago para que tu voz se escuche en el cielo. Quizás entraste a este año sintiéndote amenazada por las circunstancias, pero Dios quiere que salgas de estos 21 días con el cetro de favor extendido hacia ti.

Deja de enfocarte en el hambre y enfócate en el Rey. Tu situación no se resuelve con lógica humana; se resuelve en la corte celestial. Atrévete a entrar donde antes no podías, porque una mujer que ha doblado sus rodillas y ha rendido su carne, es una mujer a la que el Cielo respalda.

Oración de Autoridad en el Ayuno

Señor, hoy pongo mi ayuno bajo Tu luz. Confieso que me he quejado por el hambre o la incomodidad, olvidando que esto es una guerra por mi destino. Al igual que Ester, reconozco que mis armas humanas no son suficientes para las batallas que enfrento. Mi belleza, mi inteligencia y mis fuerzas no pueden detener al enemigo, pero Tú sí puedes. Hoy decido ayunar no como un ritual, sino como un acto de rendición total. Digo: «Si perezco a mis deseos, que perezca, con tal de verte a Ti». Vísteme de favor, Señor. Que cuando me levante de este tiempo, no sea la misma mujer temerosa, sino una mujer con autoridad que cambia decretos de muerte por decretos de vida. Extiende tu cetro sobre mí y sobre mi casa. En el nombre de Jesús, Amén.

Amada, la historia de Ester nos enseña que hay momentos donde la preparación natural no basta y se requiere una intervención sobrenatural. Tú estás en ese momento.

En Mujer Totalmente Nueva, te guío para que descubras esa identidad de reina y guerrera que vive en ti, capaz de cambiar la atmósfera de su hogar y su futuro.

No desperdicies tu ayuno. Transfórmate hoy. Encuentra el libro en mujertotalmentenueva.com.





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