El llanto que solo una madre puede oír

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El llanto que solo una madre puede oír - Las Cartas de Magie

Hay un sonido que el alma de una madre reconoce aunque el cuerpo esté profundamente dormido.

Puede ser una de esas noches en que el día fue tan largo que el cuerpo cayó en la cama antes de que los pensamientos terminaran de acomodarse. Sin energía para más. Sin palabras para nada. Solo el silencio y la promesa de unas horas de descanso.

Y entonces, desde algún rincón de la casa, un llanto suave. Apenas un gemido. Y algo dentro de ella se activa antes de que la mente procese lo que oyó.

Sus pies tocan el suelo antes de que los ojos terminen de abrirse.

No piensa. No analiza. No necesita. Porque el corazón de una madre reconoce lo que le pertenece aunque todo lo demás esté dormido. Ese llanto es el de su hijo. Y eso es suficiente para levantarse.

Pensaba en eso hace poco y me quedé con una pregunta que no pude soltar fácilmente.

¿Cuándo fue la última vez que te levantaste así por tus hijos en lo espiritual?

No te lo pregunto para señalarte. Te lo pregunto porque yo también estuve ahí. En esa temporada en que la vida se llenó de tanto, de cosas reales, importantes, urgentes, que en algún punto lo más importante quedó desplazado sin que yo me diera cuenta. No fue una decisión. Fue un proceso silencioso. Un día no oré porque era tarde. Otro porque era temprano. Otro porque había demasiado pendiente. Y de repente las semanas pasaron y mis rodillas habían estado lejos del piso.

Eso es lo que el enemigo no te va a anunciar.

No siempre viene con escándalo. A veces viene con una agenda llena y una cama muy cómoda. Con compromisos buenos y responsabilidades reales que van ocupando cada espacio disponible hasta que lo urgente desplaza a lo importante sin que nadie lo note.

Y mientras tú resuelves todo lo que hay que resolver, algo está pasando en el corazón de tus hijos que no aparece en ninguna agenda.

Hay un llanto espiritual que no se oye con los oídos. Una generación que está gimiendo en lo invisible. Y Dios está buscando madres que, aunque estén cansadas, todavía puedan escucharlo. Madres que en medio del ruido de una vida llena, encuentren aunque sea un momento de silencio suficiente para oír lo que otros no oyen.

«Despierta, despierta, vístete de tu poder.» Isaías 52:1

No te está pidiendo que hagas más. Te está pidiendo que escuches mejor.

Quizás en los últimos días has sentido esa inquietud que no sabes explicar. Ese cansancio mezclado con una urgencia que no tiene nombre. Ese deseo de orar pero sin saber por dónde empezar. Eso también es un llanto. Y no es casualidad que lo estés sintiendo hoy.

Sé exactamente cómo se siente tener la vida tan llena que lo importante queda esperando. Y hoy no quiero dejarte ir sin orar juntas.

Padre, hoy vengo por esta madre que ha estado corriendo tanto que en algún punto dejó de escuchar. No porque no ame a sus hijos. Sino porque la vida se llenó de urgencias y nadie le dijo que eso también es una batalla. Hoy despierta su espíritu. Devuélvele la sensibilidad para oír lo que tú estás hablando sobre sus hijos. Y donde el cansancio apagó su intercesión, avívala tú. Que encuentre aunque sea un momento de silencio para ponerse de rodillas. En el nombre de Jesús, amén.

Una Madre de Rodillas no es un libro de fórmulas. Es un camino para la madre que en algún punto perdió el hábito de arrodillarse, no porque dejó de amar, sino porque la vida no le dio espacio. Y necesita que alguien le recuerde que ese espacio no se encuentra. Se decide.

Si hoy algo se movió en tu corazón, este libro fue escrito para ti: unamadrederodillas.com

Ese llanto que sientes no es de cualquiera. Es el tuyo. Y Dios también lo escucha.





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