Si eres tan maravillosa, ¿por qué sigues soltera?

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Si eres tan maravillosa, ¿por qué sigues soltera? - Las Cartas de Magie

Hace unos días estaba en el salón de belleza.

Tú sabes cómo es ese lugar. Es un espacio donde las conversaciones fluyen fácil, donde la gente habla de todo mientras la peinan o le hacen las uñas, un ambiente amigable donde hasta las extrañas terminan platicando de su vida.

Había una chica joven sentada cerca de mí, muy linda, con una sonrisa grande. Y en eso, la que la estaba atendiendo le preguntó: «¿Por qué no te has casado si eres tan linda?»

La chica sonrió y contestó algo, la conversación siguió, y nadie más pareció darle importancia.

Pero yo sí me di cuenta.

Vi el momento exacto en que algo cambió detrás de esa sonrisa.

Porque esa pregunta no era en realidad sobre lo linda que es. Era una ecuación. Linda más soltera es igual a algo no cuadra. Como si la belleza fuera la moneda que debería haber comprado ya el matrimonio, y si todavía no lo compró, hay que preguntarse qué falla hay escondida.

Y ese tipo de comentario no se queda en el salón.

Se instala en una báscula que muchas mujeres solteras cargan sin darse cuenta. Una báscula que mide el valor por lo que se tiene, no por quién se es. Que dice: acompañada vales una cosa, soltera vales otra. Que convierte cada reunión familiar, cada pregunta bien intencionada, cada «y tú, ¿para cuándo?», en una pesada frente a la cual siempre hay que rendir cuentas.

Y lo más honesto que se puede decir de esa báscula es esto: a veces sería más fácil mentir. Decir que hay alguien. Inventar una relación para no tener que sostener, otra vez, la mirada que evalúa. Porque la verdad activa la báscula, y mentir la apaga por un momento.

Eso no es debilidad. Es cansancio de que algo tan íntimo como tu estado civil se convierta en materia pública de evaluación.

Hay una historia en la Biblia que entiende esto mejor de lo que parece a primera vista. Cuando Samuel fue a buscar al próximo rey de Israel, ni siquiera llamaron a David. Sus hermanos, más altos, más imponentes, más «de rey», pasaron uno por uno delante de Samuel. Y Dios rechazó a cada uno. David estaba afuera, cuidando ovejas, porque a nadie se le ocurrió que él pudiera ser el elegido.

Y Dios le dijo a Samuel algo que todavía sorprende: «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.» (1 Samuel 16:7)

David no fue pasado por alto porque le faltara algo. Fue pasado por alto porque la báscula de los hombres mide mal. Y la báscula de Dios nunca ha medido lo mismo que la báscula del salón de belleza, ni la de la familia en la cena, ni la de nadie que reduzca tu valor a tu estado civil.

Tu valor nunca dependió de tener pareja. Nunca dependió de ser lo suficientemente linda para «merecerlo.» Esa ecuación nunca fue real. Fue una mentira cultural que muchas aceptaron como verdad porque nadie la cuestionó en voz alta.

Y si hoy cargas esa báscula, si un comentario como ese te ha tocado la herida más de una vez, quiero que sepas algo antes de seguir: no estás fallando en un examen que ni siquiera Dios está calificando de esa manera.

Oremos.

Padre, hoy vengo por la mujer a quien un comentario le tocó la herida y la hizo sentir que algo está mal en ella. Que carga una báscula que mide su valor por lo que tiene y no por quién es. Tú no mides así. Tú mediste a David por su corazón cuando el mundo entero lo pasó por alto. Hoy quítale el peso de tener que justificar su soltería ante nadie. Recuérdale que su valor nunca dependió de un anillo, ni de una fecha, ni de la aprobación de quien pregunta sin pensar. Que sepa que tú la ves completa, hoy, exactamente como está. En el nombre de Jesús, amén.

Esa oración no cambia lo que la gente va a seguir preguntando. Pero cambia el peso que esas preguntas tienen sobre ti. Escribí Cita con tu Destino para la mujer que está cansada de que la midan por lo que le falta. Porque lo que un valiente busca no es una cara linda. Busca un corazón. Y ese, tú ya lo tienes.

citacontudestino.com





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