Seamos sinceras:
todas queremos ver milagros.
Queremos ver la mano de Dios obrando,
queremos contar testimonios que inspiren,
queremos vivir lo sobrenatural.
Pero lo que casi nunca decimos es que los milagros
nacen en los momentos más incómodos de la vida.
Y ahí es donde duele.
Porque para ver un milagro primero tienes que estar en necesidad.
Y la necesidad nunca es bonita.
Un milagro de sanidad significa que antes hubo enfermedad.
Un milagro de provisión significa que antes hubo escasez.
Un milagro de restauración significa que antes hubo ruptura.
Y cuando estás allí —enferma, escasa, rota—
te sientes en desventaja.
Como si la vida te hubiera acorralado en un callejón sin salida.
Es la posición más vulnerable…
esa en la que te preguntas si Dios realmente ve, si realmente escucha.
Pero es ahí, justo ahí, donde nacen los milagros.
Jesús nunca hizo un milagro donde todo estaba resuelto.
Él apareció donde faltaba vino en la boda,
donde un hombre no podía caminar,
donde Lázaro ya estaba en la tumba.
Y fue en esas circunstancias imposibles donde Su poder se reveló.
La Biblia dice:
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” — 2 Corintios 12:9
Querida mujer, quizá hoy estás en esa posición incómoda que nunca hubieras elegido.
Quizá estás en medio de la necesidad, de la ruptura, del dolor.
No lo pediste, no lo quieres… pero allí estás.
Y aunque parezca contradictorio,
ese puede ser el lugar exacto donde Dios se manifieste con poder.
Porque donde se acaban tus fuerzas…
comienzan las de Él.
Oremos juntas:
Señor, hoy oro por cada mujer que se siente en un callejón sin salida.
Por aquella que necesita un milagro y se siente débil, vulnerable, al límite.
Recuérdale que Tú no llegas tarde.
Que tu poder se perfecciona justo en su debilidad.
Que lo que hoy duele puede ser el escenario de tu gloria.
Amén.
El milagro no siempre llega como lo imaginamos,
pero siempre llega en el momento en que más lo necesitamos.
Porque muchas veces lo que pedimos como milagro en realidad es el inicio de una transformación más profunda. No eres la misma cuando atraviesas un valle y ves a Dios responder.
Eres renovada, reconstruida, hecha de nuevo. Eso es lo que significa ser una Mujer Totalmente Nueva: no que nunca pases necesidad, sino que en tu necesidad descubres un Dios que transforma lo roto en algo vivo.
Descúbrelo en mujertotalmentenueva.com y atrévete a caminar hacia lo nuevo que Él ya preparó para ti.
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