A lo largo de nuestra vida, muchas personas nos llaman de distintas maneras.
Al principio suele ser algo inocente, incluso tierno:
un diminutivo, un apodo familiar, una forma de cariño.
Pero con el tiempo, los nombres cambian.
Algunos llegan cargados de amor,
otros con juicio,
y otros simplemente con expectativa.
“Eres la responsable”, “la fuerte”, “la que siempre puede”.
“Eres la mamá de todos”, “la que nunca se queja”, “la que ayuda a todos”.
O, del otro lado, “la difícil”, “la emocional”, “la que no encaja”.
Y sin darnos cuenta, empezamos a responder más a esos nombres que a los nuestros.
Pero no solo existen las etiquetas que duelen.
También están las que halagan, pero que terminan pesando igual.
“La jefa”, “la doctora”, “la exitosa”, “la pastora”, “la esposa ejemplar”.
Nombres que nos hacen sentir valoradas,
pero que a veces nos obligan a mantener una imagen que no siempre refleja lo que somos.
Porque cuando una mujer se acostumbra a ser vista por lo que hace y no por quien es,
el alma empieza a agotarse en silencio.
Y ese es el peligro de las etiquetas, sean dulces o amargas:
todas reducen algo que Dios creó inmenso.
No es que esté mal disfrutar un rol, un título o un llamado.
El problema es cuando ese título se vuelve tu identidad.
Cuando ya no sabes quién eres sin tu éxito,
sin tu trabajo,
sin tus hijos,
sin tu fuerza.
Pero Dios no te llama por lo que haces, ni por lo que otros piensan de ti.
Dios te llama por tu nombre.
En Mujer Totalmente Nueva hablo precisamente de ese proceso:
de quitar, una a una, las etiquetas que el mundo pegó sobre nosotras,
hasta volver a escuchar cómo suena la voz de Dios cuando pronuncia nuestro nombre.
Porque cuando Él renueva a una mujer,
no la convierte en otra persona:
le devuelve su esencia.
En Isaías 43:1, Él dice:
“No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.”
Eso lo cambia todo.
No eres “la que falló” ni “la que puede con todo”.
No eres “la que perdió su oportunidad” ni “la que siempre da sin recibir”.
Eres Suya.
Y cuando perteneces a Él, ningún título, ningún error,
ninguna opinión puede definirte.
Quizás hoy te has sentido atrapada en una versión de ti que el mundo aplaude,
pero que tú ya no reconoces.
O tal vez llevas años cargando nombres que nunca elegiste.
Sea cual sea el caso, Dios te está llamando por tu verdadero nombre.
Y cuando respondes a Su voz, todo lo demás empieza a caer.
Eso es lo que significa ser una Mujer Totalmente Nueva:
no cambiar de nombre, sino recordar el que Dios pronunció desde el principio.
Oremos juntas
Señor, gracias por conocer mi verdadero nombre.
Por mirarme más allá de los títulos, las etiquetas y los errores.
Hoy renuncio a los nombres que el mundo me puso,
y recibo el que Tú pronuncias sobre mí.
Hazme nueva desde adentro,
y enséñame a responder solo a Tu voz.
Amén.
Yo también he respondido a nombres que no me pertenecían.
Algunos dolían, otros sonaban bien,
pero todos me alejaban de quien realmente soy.
Por eso escribí Mujer Totalmente Nueva:
porque la sanidad no solo se trata de soltar el dolor,
sino de liberar el alma de los papeles que nunca fueron suyos.
Este libro es un viaje para reencontrarte con la mujer que Dios pensó cuando te creó.
La que no necesita demostrar nada para ser amada,
la que puede servir sin perderse,
la que puede brillar sin agotarse.
Empieza hoy en mujertotalmentenueva.com
y deja que el amor de Dios te devuelva tu nombre,
porque no eres tu etiqueta, eres Su hija.
con amor y oraciones,
Magie de Cano
Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.
