¿Por Qué Tu Milagro No Llega?

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¿Por Qué Tu Milagro No Llega? - Las Cartas de Magie

Hablemos de esa frustración que te quema por dentro y que no te atreves a decir en voz alta en la iglesia.

Llevas meses, quizás años, orando por lo mismo. Como la mujer del flujo de sangre, has gastado tus emociones, tu energía y tus lágrimas buscando una solución. Has tocado el manto, has ayunado, has pactado, has gritado al cielo.

Y sin embargo… el cielo parece de bronce. La situación no cambia. El milagro no llega.

Y empiezas a preguntarte: «¿Será que Dios no me ama? ¿Será que no tengo suficiente fe?».

Pero, ¿y si el problema no es la falta de poder de Dios, sino la dirección de tu petición?

En Mujer Totalmente Nueva te confronto con una realidad dura: A veces, Dios no te da lo que pides, porque te ama demasiado como para financiar tu disfunción.

Piensa en el paralítico que descolgaron por el techo. Él tenía una sola urgencia: «¡Quiero caminar!». Su lista de necesidades tenía un solo punto. Él quería que Jesús arreglara sus piernas. Pero Jesús, al verlo, ignoró sus piernas por completo y le dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

¡Qué golpe al ego! Imagina la confusión. «Señor, no vine a que me perdones, ¡vine a que me sanes! ¡El problema son mis piernas, no mi alma!».

Aquí está la agitación del problema: Nosotras somos ese paralítico.

  • Gritas: «¡Señor, restaura mi matrimonio!». Pero Dios te dice: «Primero hablemos de esa lengua afilada y esa falta de respeto que usas como arma contra tu esposo».
  • Gritas: «¡Señor, dame prosperidad!». Pero Dios te dice: «Primero hablemos de tu envidia y de cómo gastas para llenar vacíos emocionales».
  • Gritas: «¡Señor, quítame esta soledad!». Pero Dios te dice: «Primero hablemos de tu amargura y de cómo tu ira aleja a todo el que se te acerca».

Queremos el milagro (el alivio externo), pero huimos del arrepentimiento (la cirugía interna).

Queremos tocar el borde del manto y salir corriendo con nuestra bendición, sin tener que mirar a Jesús a los ojos y enfrentar la suciedad que llevamos dentro. Queremos las Bienaventuranzas («bienaventurados los que lloran»), pero tapamos nuestros oídos al Arrepentimiento.

Amada, el «trabajo sucio» es lo que has estado evitando. Es fácil pedir un milagro. Lo difícil, lo valiente, es pedir perdón. Es fácil pedir que cambie tu circunstancia. Lo difícil es reconocer que el problema muchas veces eres tú, tu orgullo, tu rencor añejo, tu victimización.

Jesús sabía que si levantaba al paralítico sin perdonarlo, solo sería un pecador que camina. Un pecador saludable, pero condenado. De la misma forma, si Dios arregla tu matrimonio sin cambiar tu corazón, volverás a destruirlo en dos meses. Si te da el dinero sin sanar tu identidad, lo perderás todo tratando de comprar amor.

La Verdadera Libertad

En Mujer Totalmente Nueva, te invito a dejar de buscar «curitas» para una hemorragia interna.

Deja de orar solo por las consecuencias de tus problemas y empieza a orar por las causas. Atrévete a decirle a Dios: «No me des lo que quiero hasta que no sanes lo que soy».

El milagro más grande no es que cambie tu entorno. El milagro es que Él arranque de ti la culpa, la ira y el pecado que te han tenido paralizada en la misma estación de vida por años.

Oración de Cirugía A Corazón Abierto

Señor, hoy dejo de fingir. Estoy cansada de pedir milagros externos mientras escondo mi basura interna. Confieso que he querido Tu mano (tus bendiciones) pero he evitado Tu rostro (tu santidad). Señor, ignora mi lista de peticiones si es necesario, y ve directo a mi raíz. Antes de cambiar mi situación, perdona mis pecados. Saca a la luz la falta de perdón que me está pudriendo por dentro. Saca mi orgullo, mi ira y mi envidia. No quiero solo un alivio temporal; quiero ser libre de verdad. Haz el trabajo sucio en mí. límpiame, aunque duela, para poder ser una mujer verdaderamente nueva. En el nombre de Jesús, Amén.

Amada, si tienes la valentía de dejar de culpar al diablo, a tu esposo o a la vida, y estás lista para asumir la responsabilidad de tu propio corazón, entonces estás lista para ser transformada.

La libertad cuesta: cuesta tu orgullo y tu pecado. Pero la recompensa es una vida que nada ni nadie te puede quitar.

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