Si Supieras Quién Eres, El Gigante Estaría Temblando

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Si Supieras Quién Eres, El Gigante Estaría Temblando - Las Cartas de Magie

Sé que estás cansada. Sé que apenas llevamos unos días de este año y ya sientes el peso del mundo otra vez sobre tus hombros. Veo cómo miras ese problema financiero, ese diagnóstico, esa soledad en tu casa… y te veo bajar la mirada. Te veo creer que volviste al punto de partida. Te escucho susurrar en la oscuridad que tal vez esto es todo lo que hay para ti. Que tal vez el sueño era demasiado grande y tú eres demasiado pequeña.

Pero escúchame bien: Estás creyendo una mentira.

Miras tu realidad y ves un final, pero el Cielo te mira y ve un escenario. Tú ves un gigante invencible; Dios ve tu plataforma de promoción.

Piensa en David cinco minutos antes de bajar al valle. Míralo bien: sucio, con olor a oveja, con polvo en las sandalias y queso en las manos. Si le hubieras preguntado quién era, te habría dicho: «Soy el menor de mis hermanos, soy un pastor». Él no sabía. Él no sabía que estaba a una hora de convertirse en leyenda. Él no sabía que ese gigante que le gritaba no estaba ahí para matarlo, sino para coronarlo.

Si alguien le hubiera dicho lo que estaba a punto de suceder, ¿crees que habría tenido miedo? ¡Jamás! Habría corrido hacia la batalla riendo.

Mujer, tú estás en esos cinco minutos antes de la gloria.

No tienes idea de la victoria que está parada justo frente a ti, escondida detrás de ese problema. Si supieras el poder que cargas… Si supieras lo que tu nombre va a significar para tu linaje… Si supieras que Dios está a punto de usar tu vida para avergonzar a las tinieblas… No estarías llorando en un rincón. ¡Estarías afilando tu espada!

Así que levántate. ¡Te digo que te levantes!

Sécate esas lágrimas ahora mismo. Esas lágrimas son un insulto a la guerrera que llevas dentro. Se acabó el tiempo de la víctima. Se acabó el tiempo de preguntar «¿por qué a mí?». La pregunta es: «¿Quién se cree este gigante para desafiar al Dios viviente que habita en mí?».

Endereza tu espalda. Levanta tu rostro. Ese problema no te va a destruir; ese problema te va a revelar.

Tú no eres una sobreviviente; eres una conquistadora. Tú no eres la mujer que se esconde; eres la mujer a la que el infierno le tiene miedo cuando dobla sus rodillas.

Tu historia no termina en derrota. Tu historia apenas está empezando. El gigante es grande, sí. Pero tu Dios es inmenso. Y tu piedra ya está en la honda.

¡Ahora ve y toma tu victoria!

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