Esta semana recibí un mensaje de voz que me quebró el corazón. Del otro lado del teléfono, escuché a una mujer preciosa, con una vida llena de experiencia, decirme con la voz entrecortada: «Magie, no imagino cómo Dios podría usarme a mi edad. Ya mi tiempo pasó.»
Sé exactamente la edad de esa mujer, y sé que no es «vieja». Pero lo que me dolió no fueron sus años, sino su creencia. Y te lo comparto hoy porque sé que ella no es la única.
De alguna manera, nos hemos tragado una de las mentiras más sutiles y tóxicas del infierno: La idea de que tenemos fecha de caducidad.
La lista de descalificaciones
A veces somos muy jóvenes y pensamos «nadie me va a tomar en serio». Pero luego, cuando ya tenemos la experiencia y la sabiduría, pensamos «ya es demasiado tarde». Pareciera que el sueño es como el horizonte: entre más avanzamos hacia él, más se aleja.
Nos hemos vuelto expertas en recitarnos a nosotras mismas por qué NO podemos: «No tengo el dinero.» «No tengo los contactos.» «Ese tipo de oportunidades son para mujeres más jóvenes, más ágiles, más visibles.» «Ya perdí mucho tiempo.»
Y poco a poco, enterramos los sueños que Dios puso en nuestro vientre, pensando que murieron de muerte natural, cuando en realidad murieron de incredulidad.
¿Te hubieras reído tú también?
Hablemos con honestidad brutal. Pensemos en Sara, la esposa de Abraham. Imagínate la escena: Una mujer avanzada en edad, cuyo cuerpo biológico ya le había dicho «se acabó». Su matriz estaba cerrada, su ciclo había terminado. La biología, la lógica y la medicina de su tiempo gritaban: IMPOSIBLE.
Y de repente, llega Dios y le dice que dará a luz no solo a un hijo, sino a naciones enteras.
Si somos sinceras, tú y yo no solo nos hubiéramos reído como ella. Probablemente hubiéramos pensado que era la broma más cruel del universo. Hubiéramos dicho: «Señor, llegaste tarde. Esto era hace 20 años. Ahora es ridículo.»
¿Por qué? Porque, aunque decimos tener fe, le creemos más a nuestra biología que a nuestro Creador. Le creemos más a las noticias, a los diagnósticos y al espejo, que a la Palabra que sale de la boca de Dios.
Tu propósito no tiene arrugas
Pero quiero recordarte algo poderoso: Una mujer fue creada para dar VIDA. Y no me refiero solo a bebés. Me refiero a dar vida en tu trabajo, en tu ministerio, en tu familia, en tus negocios. Donde quiera que tú te pares, tú tienes la capacidad de gestar y dar a luz soluciones, esperanza y transformación.
Eso no depende de tus hormonas ni de tu edad; depende de tu diseño.
Dios no ha terminado contigo. Él no le ha puesto punto final a tu historia, solo hizo una pausa para que recuperaras fuerzas. Esos sueños que crees muertos, tal vez solo están dormidos esperando que dejes de mirar tu calendario y empieces a mirar a tu Dios.
La Pregunta Final
Hoy Dios quiere revivir promesas en ti. La pregunta es: ¿Cómo vas a reaccionar? ¿Te vas a reír con la risa cínica de Sara, la que dice «ya para qué»? ¿O vas a reírte con el gozo de quien sabe que para Dios no hay nada imposible?
No me importa lo que diga tu acta de nacimiento. Si todavía respiras, es porque Dios todavía tiene un plan. No te descartes tú, cuando el Cielo te sigue eligiendo.
¿Sientes que necesitas renovar tu mente para volver a creer?
Tal vez has creído que «Totalmente Nueva» significa ser joven de nuevo. No. Significa ser renovada en el espíritu, sin importar la edad que tengas. Dios quiere quitarte las vestiduras de «mujer descalificada» y ponerte el manto de «mujer con propósito».
En Mujer Totalmente Nueva, te desafío a romper con las limitaciones mentales y a levantarte, sin importar en qué temporada de la vida te encuentres, para abrazar el diseño completo de Dios para ti.
Tu renacer comienza hoy aquí: mujertotalmentenueva.com
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