¿Te miras a ti misma como yo miraba los zapatos en descuento?

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¿Te miras a ti misma como yo miraba los zapatos en descuento? - Las Cartas de Magie

Cuando era joven solía trabajar en una tienda de zapatos, y si te soy honesta, aunque pasaba todo el día rodeada de ellos, siempre me han encantado. Pero recuerdo que incluso en esa época, cuando caminaba por las vitrinas de los centros comerciales en mis ratos libres, lo primero que buscaba no eran los detalles del diseño ni el color ni la forma. Era la etiqueta del precio. De alguna manera, ese pequeño cartón lo decía todo: si algo valía la pena, si era para mí o para alguien más.

Me quedé pensando en esto porque creo que muchas de nosotras hacemos exactamente lo mismo, no con los zapatos, sino con nuestra propia vida.

Caminamos poniéndonos etiquetas invisibles. Pero a diferencia de los zapatos, no nos etiquetamos por lo que valemos. Nos etiquetamos por lo que creemos que nos falta.

Es ese pensamiento que regresa cada vez que ves a otra mujer avanzar. Que aparece cuando revisas tu historia y sientes que algo salió mal, que llegaste tarde, que perdiste tu oportunidad. Una voz que no grita, pero que susurra con una constancia que agota: la que no terminó lo que empezó, la que no pudo sostener su hogar, la que siempre se queda corta. Te has acostumbrado tanto a ese nombre que ya no sabes bien cuándo empezaste a usarlo.

Y lo que me parte el corazón es esto: muy probablemente, nadie más está recordándote esas cosas.

Nadie te está pasando factura. Eres tú misma la que se sienta en el banco de los acusados y también en el de los jueces. Eres tú la que decides que vales menos porque algo falta, porque algo se rompió, porque algo no salió como debía. Te miras y lo primero que ves es el descuento. La razón por la que sientes que nadie te elegiría a precio completo.

Esta semana, mientras el mundo se detiene a recordar el camino a la cruz, yo quiero que te detengas a mirar lo que pasó con esas etiquetas.

Colosenses 2:14 dice que Jesús anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, clavándola en la cruz. Esa acta incluía cada nombre falso que te has dado. Cada vez que decidiste que valías menos. Cada etiqueta de descuento que pusiste sobre tu propio corazón. Él no fue a esa cruz a comprar mercancía dañada. Fue a pagar el precio más alto de la historia por ti, conociéndote completamente.

Hoy quiero orar por ti.

Padre, te presento a esta mujer que lleva tanto tiempo mirándose a través de lo que le falta. Tú conoces el nombre que ella misma se puso, el día exacto en que decidió que no era suficiente, la herida que nunca le contó a nadie. Señor, hoy te pido que hagas real en su corazón el precio que pagaste por ella. Que pueda ver cada una de esas etiquetas de descuento clavadas en ese madero y que comprenda, de una manera que ninguna palabra puede explicar, que Tú ya dijiste el precio final. Que es completo. Que no está en rebaja. Arráncale de las manos el mazo del juicio con el que se condena cada mañana, y pon en su lugar la certeza de que es profundamente amada, exactamente como está, exactamente hoy. En el nombre de Jesús, amén.

Escribí Mujer Totalmente Nueva para esa mujer que lleva años caminando con una etiqueta que ella misma se puso y que ya no recuerda cómo quitarse. No es un libro de consejos para mejorar. Es un proceso de treinta días para regresar a tu diseño original, para arrancar las mentiras que se instalaron sin que te dieras cuenta y para levantarte como la mujer completa, renovada y hermosa que Dios diseñó desde el principio.

Si hoy algo de esto resonó en ti, este libro fue escrito para ti.

mujertotalmentenueva.com

Tu valor no está en rebaja. Ya fue pagado por completo.





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