Cuando das todo y aun así parece no ser suficiente

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Cuando das todo y aun así parece no ser suficiente - Las Cartas de Magie

Ese día ella llevaba puesto todos sus sombreros al mismo tiempo.

Había manejado a dos lugares distintos antes del mediodía, resuelto un problema en el trabajo desde el teléfono mientras esperaba en el semáforo, recordado la cita del médico, coordinado la merienda, y todavía tenía pendiente una llamada que no podía aplazar. Era un día normal. Del tipo de día normal que ninguna agenda logra capturar del todo porque las madres no solo administran actividades. Administran todo lo que está detrás de las actividades.

Y en medio de ese día, llegó tarde.

No porque no quisiera estar. No porque ese evento no importara. Sino porque ese día en particular, con todo lo que ya cargaba, los elementos no se alinearon y cuando llegó, ya había terminado. Su hijo la miró. Y ella supo en ese instante que ese momento iba a costar más de lo que cualquier explicación podría cubrir.

Lo que vino después no fue un regaño. Fue algo más difícil.

Fue el silencio. Y luego, con el tiempo, la forma en que ese día apareció en conversaciones donde no se esperaba. Como recordatorio. Como evidencia. Como si todo lo que ella había hecho antes y después de ese día quedara en segundo plano detrás de esa tarde en que no llegó a tiempo.

Y ella me preguntaba algo que muchas madres piensan pero pocas dicen en voz alta.

¿Por qué una falla pesa más que cien aciertos? ¿Por qué el marcador que llevan nuestros hijos parece registrar con tanta precisión lo que no estuvimos, y tan fácilmente olvida las veces que sí estuvimos, que nos quedamos despiertas, que renunciamos a algo nuestro para estar en lo suyo? No es que los hijos sean injustos. Es que duele de una manera particular cuando la persona para quien más lo intentas es la misma que más claramente ve tus límites.

Y el problema no es solo el evento perdido.

Es lo que ese evento le confirma a una madre que ya carga la sospecha de que no es suficiente. Que detrás de todos esos sombreros, chófer, psicóloga, enfermera, cocinera, animadora, hay una mujer que también es humana. Que también se cansa. Que también falla. Y que en el momento en que falla, toda esa humanidad se siente como una traición a lo que se supone que debe ser.

Dios no le pidió a ninguna madre que fuera perfecta.

Le pidió que fuera de rodillas. Isaías 40:29 dice: «Él da fuerzas al cansado y aumenta el poder del débil.» No dice que primero debes tenerlo todo resuelto. Dice que en el cansancio, en la debilidad, en ese día en que llegaste tarde y todavía lo estás pagando, hay una fuerza que no viene de ti. Y esa es precisamente la que más alcanza.

Padre, hoy vengo por esta madre que lo intenta con todo lo que tiene y aun así siente que no es suficiente. Que carga el peso de una falla mientras nadie cuenta las veces que sí estuvo. Tú sí las cuentas. Tú ves cada madrugada, cada renuncia, cada vez que eligió a sus hijos por encima de ella misma sin que nadie lo notara. Hoy dile que su valor como madre no se mide en su peor día. Que la debilidad que siente no es el fin de la historia, sino el lugar donde tu fuerza comienza. Ayúdala a soltar la culpa que no le pertenece y a levantar las manos, aunque estén vacías, sabiendo que en tus manos sus hijos están más seguros que en su perfección. En el nombre de Jesús, amén.

Escribí Una Madre de Rodillas para la mujer que ya agotó sus propias fuerzas intentando ser suficiente para sus hijos. No es un libro sobre cómo ser mejor madre. Es un libro sobre cómo dejar que Dios sea lo que tú no puedes ser. El primer capítulo se llama Madres débiles, Dios fuerte. Porque hay un momento en que la madre más entregada tiene que soltar el control y arrodillarse. Y ese momento no es una derrota. Es el comienzo de la verdadera batalla.

unamadrederodillas.com





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