Cuando el infierno se levanta contra tus hijos

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Cuando el infierno se levanta contra tus hijos - Las Cartas de Magie

Hay una llamada que ninguna madre quiere recibir.

No importa la edad de tus hijos. No importa si viven contigo o si llevan años viviendo solos. Cuando el teléfono suena en un momento que no esperas, algo en el corazón da un vuelco antes de contestar. Lo conocemos desde que eran pequeños: el número del colegio en la pantalla y esos segundos donde la mente vuela a todo lo que pudo haber pasado. El alivio cuando era solo una información, una actividad, algo sin importancia.

Pero hay otras llamadas.

Las que llegan de madrugada. Las que empiezan con una pausa larga antes de que tu hijo diga algo. Las que comienzan con «Mamá, tengo que decirte algo» y ya en esa frase sabes que lo que viene no va a ser fácil. No importa cuántos años tengan. No importa si ya tienen su propia casa, su propia vida, sus propias decisiones. En ese momento vuelves a ser exactamente la misma madre que eras el día que los trajiste al mundo. Y el corazón duele de la misma manera.

Recuerdo que hace algún tiempo, platicando con una madre, me compartió que sus hijos ya están grandes. No me dio todos los detalles y no los necesité. Lo que sí me dijo es que están pasando por algo difícil. Que hay una batalla que ella no pidió y que no eligió pero que llegó de todas formas. Y que hay momentos en que no sabe qué más hacer, qué más decir, adónde más acudir.

Pero también me dijo algo más.

Me dijo que había decidido hacer lo que podía, con lo que tenía, desde donde estaba. Y eso, aunque parezca poco, lo es todo.

Porque hay algo que ninguna madre puede controlar: las decisiones de sus hijos. Lo que hacen, lo que eligen, los caminos que toman. Pero hay algo que ninguna fuerza puede quitarle: su lugar de rodillas. Y ese lugar, pequeño y silencioso, es el más estratégico que existe.

El libro de Ezequiel habla de Dios buscando a alguien que se ponga de pie en la brecha. Que se interponga. Que ore. Que no ceda el terreno aunque no vea resultados inmediatos. Esa es la imagen de la madre que decide hacer algo cuando siente que no puede hacer nada: se arrodilla.

Y Dios responde a esa posición.

Isaías 49:25 tiene una promesa que he repetido muchas veces cuando la batalla se siente demasiado grande: «Con el que contienda contigo yo contenderé, y salvaré a tus hijos.» No dice que la madre tiene que ganar la batalla sola. Dice que Dios entra a pelear cuando una madre se pone de pie en la brecha. Que lo que le arrebataron a tus hijos será devuelto. Que la batalla que parece perdida tiene un Guerrero que ya entró al campo.

Y hay una frase que aprendí y que se convirtió en el ancla de mi oración por mis hijos: «Mi trabajo es orar por ellos. El trabajo tuyo es cuidarlos.»

Eso es lo que esta madre decidió hacer. Eso es lo que cualquier madre puede hacer, aunque no tenga más nada. Aunque los hijos estén lejos. Aunque la situación se vea difícil. Aunque no haya respuesta todavía.

Y si hoy tú también llevas una batalla por tus hijos, si hay algo que te quitó el sueño esta semana, algo que no saben los demás pero que tú cargas en silencio, quiero que sepas que no estás sola en la brecha. Que el mismo Dios que prometió salvar a los hijos también prometió pelear por ti.

Ponlo todo en sus manos antes de seguir.

Oremos.

Padre, hoy vengo por la madre que está en medio de una batalla por sus hijos. Que no eligió esta pelea pero que decidió no rendirse. Que con lo que tiene y desde donde está, se puso de rodillas. Hoy recuérdale tu promesa: que con el que contienda con ella tú contenderás. Que sus hijos no están fuera de tu alcance. Que lo que el enemigo quiso arrebatar será devuelto. Dales a ella y a sus hijos la paz que sobrepasa todo entendimiento mientras tú peleas lo que ellos no pueden pelear solos. Y donde ella ya no sabe qué orar, sé tú el que intercede. En el nombre de Jesús, amén.

Esa oración no es rendición. Es la declaración más valiente que una madre puede hacer: Señor, yo oro. Tú cuidas. Y hay un libro que escribí para la madre que necesita aprender a pelear desde ese lugar. El quinto capítulo de Una Madre de Rodillas se llama De pie en la brecha. Porque la batalla por tus hijos no la ganas con más esfuerzo. La ganas con más oración. Y ese es el camino que quiero recorrer contigo.

unamadrederodillas.com





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