¿Te tiemblan las piernas antes de dar el primer paso?

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¿Te tiemblan las piernas antes de dar el primer paso? - Las Cartas de Magie

Tú sabes lo que es esa silla. La del salón de clase, cuando el maestro decía tu nombre y te tocaba pasar al frente. O la de la sala de juntas, ya de grande, cuando te tocaba presentar frente a un grupo.

Te levantas y las piernas te tiemblan antes de dar el primer paso.

A mí me ha pasado toda la vida. Desde niña, y también ya de grande, parada frente a grupos de mujeres.

Uno de los nombres con los que crecí fue «miedosa». No era un miedo de un solo día: era miedo a ser vista, miedo al rechazo, miedo al fracaso, instalado desde niña.

Ese miedo me mantuvo años enteros en el mismo círculo, sin salir. El mismo lugar, la misma silla, la misma excusa para no levantarme.

Quizás tu silla no tiene salón ni sala de juntas. Es el mensaje que no envías, el negocio que no empiezas, la conversación que sigues aplazando porque ahí, sentada, al menos se está a salvo.

La silla no se movió aquellas veces. Yo sí. Y no fue porque el miedo desapareciera, seguía en las piernas, en la garganta.

Fue porque alguien me tomó de la mano antes de pasar al frente y me dijo: «Solo deja que el Espíritu Santo te tome».

Eso mismo le pasó a una joven mucho antes que a mí. Cuando el ángel le anunció a María que sería la madre del Salvador, ella se turbó.

Y lo primero que él le dijo no fue una instrucción. Fue: «No tengas miedo, María». Y después: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lucas 1:30, 35).

Ser libre del miedo no significa dejar de sentirlo. Significa que no te levantas por tus propias fuerzas. Te levantas sostenida.

Esa silla no se mueve sola. Pero hay algo que se puede entregar antes de levantarte de ella:

Padre, hoy vengo con las piernas temblando, tal como estoy. Llevo años en el mismo círculo, sentada en la misma silla, repitiendo la misma excusa para no levantarme.

Hoy te pido que quites el miedo que me paraliza, y si todavía no lo quitas, te pido que vengas conmigo hasta el frente y me sostengas al cruzar, como sostuviste a María cuando le dijiste que no tuviera miedo. Perdóname por las veces que elegí quedarme donde era fácil, donde nadie me iba a ver caer.

Hoy elijo levantarme, no porque ya no tenga miedo, sino porque tú vienes conmigo y no me sueltas la mano. En el nombre de Jesús, amén.

La silla se quedó vacía. Yo seguí temblando un rato más, ya de pie.

Han pasado años desde esa primera vez, y he vuelto a pasar al frente muchas veces más. El miedo sigue tocando la puerta, pero ya sé qué hacer con él: le dejo la mano extendida al Espíritu Santo y avanzo.

Mujer Totalmente Nueva es exactamente para eso: para tomarte de la mano, un día a la vez, hasta que tú también aprendas a pasar al frente sostenida (mujertotalmentenueva.com).

Con amor y oraciones,
Magie de Cano.





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