Dios no te hizo de segunda, te hizo de primera

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Dios no te hizo de segunda, te hizo de primera - Las Cartas de Magie

Llegaste primero. Te sentaste en el sofá de la sala de espera, tranquila, con esa seguridad silenciosa de quien sabe para qué vino.

Y entonces entró ella.

No dijo que era mejor que tú. No hizo falta.

Un saludo ligero, una mirada que te midió de arriba a abajo, la manera en que ocupó el lugar como si ya fuera suyo, y de pronto empezaste a dudar si merecías estar ahí. Por un momento, casi lo creíste.

Te ha pasado en el trabajo, con la compañera que parece resolver todo sin esfuerzo.

Te ha pasado en la iglesia, con la que ora más bonito, o sirve con más gracia, o simplemente entra y todos voltean.

Te ha pasado con la mujer que sigues en una pantalla, que nunca ha visto tu vida de cerca y aun así logra hacerte sentir que la tuya no alcanza.

Y lo peor no es la comparación. Es lo que te dices después, en silencio: que si fueras distinta, valdrías más.

A mí me pasó igual, hace años, en un salón parecido a ese. Salí un momento y solo le pedí a Dios dominio propio para enfrentar lo que sentía por dentro.

Y ahí, sin haberlo pedido, me llegó un versículo al oído: «Dios eligió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios. Y escogió cosas que no tienen poder para avergonzar a los poderosos» (1 Corintios 1:27).

Ese versículo no dice que tú eres mejor que ella. Dice que Dios no necesita que seas como ella para usarte.

Puede que tu voz sea suave y admires a las que hablan fuerte, o que tu manera de servir sea callada y sientas que la que grita se lleva toda la atención. Y llevas tiempo pensando que eso te descalifica.

Dios no te hizo de segunda. Te hizo de primera.

No hizo mujeres en serie. Te formó con las manos, a ti, con tu voz, tu ritmo, tu manera particular de amar y de servir, y no dejó ni un detalle sin cuidado.

Ninguna mujer que te haga sentir pequeña tiene el poder de cambiar eso. Puede lograrlo por un momento. No puede sostenerlo.

Si hoy traes esa misma comparación cargada, desde el trabajo, desde la iglesia, desde una pantalla, puedes soltarla ahora mismo.

Padre, hoy vengo por la mujer que se sintió más pequeña sin que nadie le dijera una sola palabra hiriente. Sana esa comparación que se instaló sin permiso. Recuérdale que no es una copia de nadie, que tú la formaste con tus manos y no dejaste ni un detalle sin cuidado. Hoy declara conmigo: no necesito ser como ella para valer. Así como soy, tú me vas a usar. En el nombre de Jesús, amén.

Ese sofá donde te sentaste sigue estando en algún salón de espera, y otra mujer va a sentarse en él antes de que alguien entre por la puerta e intente hacerla sentir pequeña.

Por eso escribí Mujer Totalmente Nueva. Hay un día entero donde hablo de cómo valorar lo que Dios ya puso en ti, sin medirte contra nadie más. Son treinta días donde Dios trabaja contigo lo que un artículo no alcanza a cubrir.

La próxima vez que entres a un lugar y sientas que alguien más grande acaba de sentarse a tu lado, recuerda que tú llegaste primero. Y el sofá no decide quién eres (mujertotalmentenueva.com).

Con amor y oraciones,
Magie de Cano





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