No estás cansada. Estás esperando que alguien te diga que sí.

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No estás cansada. Estás esperando que alguien te diga que sí. - Las Cartas de Magie

La maceta lleva meses en el balcón, vacía.

La compraste tú. Te acuerdas del día y hasta de lo que te costó.

Y ahí sigue, boca arriba, juntando polvo y agua de lluvia, sin una cucharada de tierra adentro.

Cada vez que sales pasas junto a ella y no la mueves. Tampoco la tiras.

Y no es por la maceta.

Es por los ingredientes que compraste para ese platillo especial, los que terminaron caducados en la alacena.

Es por el libro que separaste para cuando hubiera tiempo de leerlo. Por la ropa que guardaste para la ocasión que se te sigue posponiendo. Por el cuaderno donde ibas a empezar a anotar lo que sueñas, todavía con las hojas en blanco.

Es por el archivo que abriste hace tiempo, que tiene el título escrito y nada debajo. Por el nombre del negocio que ya apartaste. Por los cursos que te faltan para cerrar esa carrera.

Lo compraste. Lo apartaste. Lo dejaste listo. Y ahí se quedó.

Y lo que más cuesta admitir es que no fue por floja. Tú trabajas. Tú te levantas. Tú sostienes cosas que nadie te agradece y que se caerían si tú soltaras.

Lo que pasa es que estás esperando algo que no llega.

Esperando que alguien te diga que sí. Que alguien con más autoridad que tú te confirme que no estás loca, que sí puedes, que todavía te alcanza el tiempo, que no es demasiado grande para ti.

Esperando que primero crezcan los niños. Que primero se acomode el dinero. Que primero se calme todo un poco.

Y a veces está esa frase que te dijeron una sola vez y que se te quedó pegada: ¿y quién te crees? Con esa cara la dijeron, y ya no se te olvidó.

O peor, nadie te dijo nada. Nadie se opuso. Simplemente nadie te dijo que empezaras, y ese silencio lo entendiste como un no.

Te voy a decir algo que tal vez todavía no quieras oír: ese permiso no va a llegar. Nadie te va a buscar para decirte ya, empieza.

Ahora mira otra vez la maceta.

Lleva meses vacía y no se ha movido de su lugar. No se rompió y no se escondió. Sigue ahí, entera, esperando lo único que le falta, y el día que algo crezca adentro no va a necesitar que nadie se lo autorice.

Isaías 60:1 dice: «¡Levántate y resplandece que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor brilla sobre ti!»

Fíjate en el orden, porque ahí está todo. No dice que te ganes la luz y entonces resplandezcas. Dice que la luz ya llegó. Que la gloria ya está brillando sobre ti mientras tú sigues creyendo que te falta algo.

Dios no está esperando a que estés lista. Está esperando a que te levantes de donde te quedaste.

Piensa en la mujer de Samaria. Ese pueblo la tenía bien etiquetada y ella lo sabía, por eso iba por agua cuando no había nadie. Después de su encuentro con Jesús no fue a pedirle permiso a ninguno de ellos. Corrió y les dijo: vengan a ver lo que Él hizo por mí.

Y muchos creyeron por sus palabras. Nadie la nombró. Nadie la autorizó. Ella solo dejó de esconderse.

Y quiero ser honesta contigo, porque esto se predica mal muy seguido.

Empezar no es un trato con Dios donde tú pones el paso y Él pone el resultado que tú te imaginaste. Empezar es obediencia. Lo que salga de ahí es asunto de Él, y Él sabe muy bien qué hacer con lo que se le entrega.

Escribe ese libro. Comienza ese negocio. Termina esa carrera. No para demostrarle algo a quien te miró raro, sino porque hay algo que Dios puso en ti y no te lo dio para que lo guardaras.

Y esto es lo que te llevas hoy, aunque no hagas nada más:

No necesitas el permiso de nadie para portar la gloria de Dios.

Así que ve por la tierra y llena esa maceta hoy. Lo que compraste y no has usado, ponlo en las manos de Dios antes de ponerlo en las tuyas.

Señor, tú sabes cuánto tiempo llevo con esto guardado. Sabes lo que compré, lo que aparté, lo que dejé listo y nunca empecé. Y sabes que no ha sido por falta de ganas, sino porque he estado esperando que alguien me diga que sí. Hoy dejo de esperar ese permiso. Te entrego lo que puse en pausa y lo que dejé a medias. Dame valentía para el primer movimiento, aunque no sepa todavía cómo termina. Que lo que empiece no sea para lucirme, sino para obedecerte. Levántame de donde me quedé. En el nombre de Jesús, amén.

Mañana la maceta va a seguir en el balcón. Con tierra, y nada más. Ni un brote.

Y eso no significa que no pasó nada. La tierra es lo que se ve cuando el trabajo apenas comenzó, y hay una parte del proceso que ocurre donde nadie la mira y que toma más tiempo del que uno quisiera.

Por eso escribí Mujer Totalmente Nueva. Son treinta días donde Dios trabaja contigo lo que no cabe en un artículo, porque levantarse de un lugar donde llevas años sentada no se resuelve con una decisión de un día.

Y un día vas a salir al balcón por otra cosa, sin acordarte de esto, y vas a ver que ya hay algo verde asomándose.

Y no vas a tener que preguntarle a nadie si de verdad está creciendo.

mujertotalmentenueva.com

Con amor y oraciones,
Magie de Cano





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