Lo que sembraste sigue creciendo aunque no lo veas

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Lo que sembraste sigue creciendo aunque no lo veas - Las Cartas de Magie

Llevas tanto tiempo esperando que ya no sabes si lo que Dios te dijo sigue en pie. Yo creo que sí, y que sigue creciendo aunque tú no lo veas.

Empezaste con tanta claridad. Oraste, obedeciste cuando no entendías, dijiste que sí a cosas que costaban, y todo eso lo hiciste por algo que Dios puso en tu corazón. Y pasó un año, y otro, y ahora te descubres haciendo cuentas: cuánto llevas, cuánto más puede faltar, cuántas personas recibieron lo suyo mientras tú seguías igual. Puede ser un hijo, un matrimonio, un llamado, una sanidad, una puerta que no se abre. El nombre cambia, el cansancio es el mismo.

Lo peor de esperar es que te enseña a desconfiar de ti. Te dices que quizás lo entendiste mal, que quizás era para otra, que se te pasó la hora. Y para no volver a ilusionarte, un día dejaste de asomarte a ver si algo había salido.

Pero lo que está bajo la tierra no avisa. Una semilla puede pasar semanas enterrada sin que en la superficie se mueva nada, y ese es justo el tiempo en que echa raíz. Que tú no lo veas no lo detiene. Creo que lo que Dios dijo sigue su curso, y que Su reloj nunca ha ido atrasado, aunque a ti te lo parezca desde hace años.

Sara también contó los años

Sara y Abraham recibieron una promesa: iban a tener un hijo, siendo ya mayores. Entre esa promesa y el nacimiento pasaron unos veinticinco años, sin fecha y sin que nadie les dijera cuánto faltaba. Sara se agotó. Dudó, y hasta intentó resolverlo ella misma, con consecuencias que le dolieron a toda la casa. Si tú en algún punto de tu espera tomaste un atajo, eso no anula lo que Dios dijo. Cuando Él se les presentó de nuevo, no vino a reclamarles ni a decirles que ya estaban descalificados. Vino a recordarles que Su pacto seguía en pie, y le dijo a Abraham:

Génesis 18:14 ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo.

Al tiempo señalado. Dios ya tenía esa fecha antes de que Sara dejara de contar. Y llegó: nació Isaac, cuyo nombre quiere decir «risa», y ella exclamó: «Dios me ha hecho reír; cualquiera que lo oiga se reirá conmigo» (Génesis 21:6). Sobre ella, la carta a los Hebreos dice que recibió fuerza aun pasada la edad propicia, «pues consideró fiel al que lo había prometido» (Hebreos 11:11). Fíjate en lo que dice y en lo que no dice: no dice que ella vio señales. Dice que consideró fiel a Dios. Con eso sostuvo lo que todavía no se veía.

Lo que puedes hacer hoy

Abre Isaías 40 y léelo de principio a fin, despacio. Mientras lo lees, deja que el Señor te consuele por lo que la espera se ha llevado: los años, las ilusiones que fuiste guardando, las veces que dijiste «ya no voy a pedir más». Háblale como estás, cansada y todo. Y pídele un segundo aliento, un soplo nuevo, porque el que traías ya se gastó.

Después, no dejes que lo que ves decida lo que crees. Volver a creer puede ser tan pequeño como decir: hoy sigo.

Aunque hoy no se vea

No te voy a dar una fecha ni te voy a prometer que sea pronto. Te digo lo que sí es cierto: lo que Dios dijo no se venció, tus lágrimas no se perdieron y esperar no significa que Él te olvidó. Puede que mañana te asomes y siga sin haber nada, y aun así puedes hacer lo mismo que Sara: confiar en que quien lo prometió es fiel.

Yo también he esperado cosas que no llegaron cuando yo creía que ya tocaban, y sé que en esa espera lo que sostiene no es ver algo, es recordar quién lo dijo.

Déjame orar por ti, tal como estás hoy y no como estarás cuando todo se cumpla.

Padre, te presento a la mujer que lee esto. Lleva años esperando lo que le prometiste y está cansada. Tú sabes qué es y sabes lo que le ha costado seguir pidiéndolo. Consuélala por lo que la espera le quitó y sopla en ella un aliento nuevo. Que no se guíe por lo que ve, que te considere fiel como Sara, y que si en algún momento dudó o se adelantó, recuerde que no la descalificaste. En el nombre de Jesús, amén.

Lo de Isaías 40 viene de un libro que escribí, Mujer Totalmente Nueva. Tiene veintiún enfoques de oración, y ese es el del décimo día. Hay además un capítulo entero sobre Sara, porque esta espera no se resuelve en un artículo.

Si la tuya se te está haciendo larga, ahí puedes seguir acompañada: treinta días para recorrer con calma lo que aquí apenas alcancé a tocar.

mujertotalmentenueva.com

Con amor y oraciones,
Magie de Cano





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