Señor, ¿por qué ya no te veo como antes?

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Señor, ¿por qué ya no te veo como antes? - Las Cartas de Magie

Sigues buscando a Dios donde siempre lo encontraste, y ya no lo sientes ahí como antes. No dejaste de creer ni hiciste nada malo. Yo creo que Él no se fue. Creo que va adelante, por un camino que tú todavía no conoces.

Y cuando empezaste a sentirlo lejos, hiciste lo que casi todas hacemos: más. Un compromiso más, una reunión más, un sí más cada vez que alguien necesitó ayuda. Llenaste la semana de cosas buenas, muchas de ellas para Él, y las hiciste bien. Pero en algún momento todo se volvió tan apurado que se te olvidó lo que era simplemente estar con Él, sin llevarle nada. Vas a todo, cumples con todo, y regresas a tu casa sin haberlo encontrado en ninguna parte.

Lo que más pesa no es el cansancio. Es seguirlo y ya no sentirlo en el lugar y de la manera en que lo sentías. Es como un duelo que casi nadie nota. Las mismas canciones, el mismo rato de oración, la misma gente, y algo que antes estaba ahí ya no está.

Y de ahí sacas conclusiones que no le dices a nadie. Piensas que te enfriaste, o que el problema eres tú, porque los demás parecen estar bien. Piensas que si haces un poco más, va a volver. Y hasta te da culpa ya no sentirte parte de lo que antes te llenaba, porque suena a falta de fe.

Cuando se va la luz

Tú sabes cómo es cuando se va la luz. Te levantas a caminar por tu propia casa, la que te sabes de memoria, y aun así te pegas con la esquina de la mesa. Sabes que la puerta está ahí, la has cruzado mil veces, pero a oscuras la memoria no alcanza. Lo que antes hacías sin pensar, ahora lo haces con la mano en la pared, paso por paso.

Y a oscuras nadie corre. Nadie cruza la casa a la carrera cuando no ve nada. Uno va despacio y pone atención. Y si alguien te dice «por aquí», ya no te fijas en por dónde ibas antes: te vas detrás de su voz.

Así se siente esta temporada. Los lugares donde siempre lo encontrabas se quedaron a oscuras, y por más que te los sepas de memoria, ya no te llevan a Él como antes. No es que te hayas perdido. Es que Él va adelante, y te está llamando por un camino que no conoces.

Por caminos que no conocían

Hay un versículo en Isaías que parece escrito para este momento. Isaías fue un profeta que le habló a un pueblo que había perdido casi todo lo que conocía. Justo antes de este versículo, Dios mismo reconoce que llevaba mucho tiempo callado. Y después de ese silencio, les dice esto:

Isaías 42:16 Conduciré a los ciegos por caminos desconocidos, los guiaré por senderos inexplorados; ante ellos convertiré en luz las tinieblas, y allanaré los lugares escabrosos. Esto haré y no los abandonaré.

Fíjate a quién guía: a ciegos. No a gente que ya se sabe el camino. Él no espera a que tú veas para empezar a llevarte.

Y fíjate en la última frase, la que se lee rápido: «no los abandonaré». Que ya no lo sientas donde lo sentías no quiere decir que te haya dejado. Quiere decir que te está llevando por otro lado.

Puede que ese camino no sea el que todos toman, ni el que se ve desde afuera. Al principio hasta puede sentirse solitario. Pero no lo vas a caminar sola. Y lo que hoy está a oscuras, Él dice que lo va a convertir en luz. No dice cuándo. Dice que lo va a hacer.

Síguele la voz

Empieza con una pregunta sencilla: «Señor, ¿hacia dónde vas?». Es distinta a pedirle que bendiga lo que ya estás haciendo. Es preguntarle por dónde va Él, para irte detrás.

Después mira tu semana y busca el rato que era solo de Él, el que nadie veía. Si con tanto que hacer ese fue el que se quedó sin lugar, ese es el primero que hay que recuperar. No tienes que dejar todo lo demás. Tienes que devolverle ese rato.

Y en ese rato, no llenes el silencio. A oscuras uno no se orienta por lo que ve, sino por lo que oye, y Él muchas veces habla bajito. Quédate quieta y dale espacio para que te diga «por aquí».

Con que hoy le hagas esa pregunta y le des ese rato, ya diste el primer paso detrás de su voz.

La luz no siempre vuelve de golpe. A veces los ojos se van acostumbrando y empiezas a distinguir, primero el marco de la puerta, después los muebles, después el pasillo. Te puede tocar caminar un tiempo así, sin ver todo claro. Eso no quiere decir que vas mal. Quiere decir que vas despacio, que es como se camina detrás de alguien.

Yo también he buscado a Dios donde siempre lo encontraba y no lo he hallado ahí, y me he asustado. Lo que me ayudó no fue correr más. Fue quedarme quieta hasta oír por dónde me estaba llamando.

Así que antes de que sigas con tu día, déjame orar contigo.

Señor, te presento a la mujer que está leyendo esto. Te ha buscado donde siempre te encontraba y ya no te siente ahí, y está cansada de hacer más para encontrarte. Quítale la culpa. Guíala por el camino nuevo, hacia donde Tú vas. Ayúdala a soltar el ritmo y la presión en los que ha estado viviendo. Llévala de vuelta al lugar sencillo y quieto contigo. Devuélvele el gozo, la pasión y su canción. Convierte en luz lo que hoy está a oscuras, y no la sueltes. Dondequiera que Tú vayas, que no se lo pierda. En el nombre de Jesús, amén.

Si esto te habló, en Mujer Totalmente Nueva hay un día entero para seguir caminando en esto. Es el día diez, se llama Sigue sus pasos, y habla justo de seguir a Jesús hacia lo nuevo aunque no puedas ver el camino delante de ti. Ahí está la historia de una mujer que tuvo que escoger entre volver a lo que conocía o irse detrás de alguien sin saber a dónde, y de todo lo que encontró por no soltarse.

A oscuras no hace falta ver el camino. Hace falta oír quién te está diciendo «por aquí».

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Con amor y oraciones,
Magie de Cano





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