Sigue empujando aunque ya no tengas con qué

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Post sigue empujando aunque ya no tengas con que

Cada semana te cuesta un poco más seguir con eso que no has soltado, y ya no sabes de dónde vas a sacar fuerzas. Yo creo que eso no es señal de que vas mal. Creo que es justo el momento de no soltar.

A lo mejor es un hijo que cada vez que da un paso para adelante, da dos para atrás. A lo mejor es la casa que sacas adelante con lo que hay, un diagnóstico que no se aclara, una relación que se fue torciendo, o una espera que ya lleva más de lo que pensaste aguantar. Al principio tenías palabras. Orabas con fe, decías en voz alta lo que Dios te había prometido, y todo parecía acercarte un poco. Ahora oras y sientes que te repites. Sigues haciendo lo correcto aunque nadie lo note, y por dentro te preguntas cuánto más vas a poder. Y encima te llegó la ansiedad de ver que lo que tienes enfrente parece decir lo contrario de lo que Dios te dijo. Yo creo que eso no es lo que te toca.

Pero lo que más duele no es el cansancio. Es lo que el cansancio te hizo pensar de ti. Que si ya no te quedan fuerzas es porque no dabas para esto. Que otras pueden y tú no. Que lo sensato sería soltar, y que seguir es pura terquedad. Y la vergüenza de admitir, aunque sea solo delante de Dios, que ya no puedes más.

Las últimas bombeadas son las que más cuestan

Si alguna vez inflaste la llanta de una bicicleta con una bomba de mano, sabes cómo es. Al principio el aire entra solo y el mango baja sin esfuerzo. Pero mientras más se llena la llanta, más empuja de vuelta, y las últimas bombeadas cuestan el triple que las primeras. Justo ahí, cuando ya casi está, mucha gente quita la bomba y dice que así está bien. La llanta se ve llena, pero en cuanto alguien se sube, se hunde.

Eso que sientes es presión, y la presión sube porque adentro ya hay más, no porque lo estés haciendo mal. Hay una frase que se me quedó grabada y que creo que hoy es para ti: presiona en medio de la presión. Llega un punto en que ya no bombeas con la fuerza de los brazos, sino con las ganas de llegar, que se vuelven más grandes que la fuerza que te queda.

Lo bueno de una bomba de mano es que te deja parar. Puedes enderezarte, respirar, sacudir los brazos, y el aire que ya entró no se sale, mientras no sueltes la válvula. Descansar no es rendirte. Soltar sí.

Presionar tampoco quiere decir quedarte donde no estás segura. Si lo que te aprieta es alguien que te hace daño, cuidarte y salir de ahí no es soltar nada. Lo que no se suelta es a Dios, la oración y lo que Él te dijo.

Lo cansada que estás no mide lo lejos que estás. Tus brazos te dicen cuánto te ha costado, no cuánto te falta.

Aunque tiemblen los montes

En la Biblia hay un canto que escribieron los hijos de Coré, una familia de músicos que servía en el templo de Israel, para gente que había visto moverse lo que creía más firme. Los montes cayendo al fondo del mar eran la imagen más fuerte que tenían de que todo se viene abajo. Y la palabra que se traduce como «tribulaciones» viene, en hebreo, de la idea de un lugar estrecho, apretado. O sea, presión. A gente que estaba en lo apretado, el salmo le canta esto:

Salmo 46:1-3 «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza.»

El salmo no promete que no se va a mover nada. Dice que, aunque tiemble todo, Dios es amparo. Y ese «pronto auxilio», en hebreo, habla de una ayuda que se deja encontrar, que está a la mano. No dice a qué hora llega la salida. Dice que Él ya está contigo en lo apretado.

Por eso puede decir «no temeremos» sin mentir: no porque la tierra deje de moverse, sino por quién está ahí mientras se mueve. Dios es tu amparo y tu fortaleza. Lo es hoy, con los brazos cansados, y lo va a seguir siendo.

No sueltes la válvula

Lo que puedes hacer hoy no es bombear más fuerte. Es no soltar.

No sueltes lo que Dios te dijo. Cuando lo que ves parezca decir lo contrario, sigue diciéndolo en voz alta, no como fórmula para que pase, sino para que lo que ves no hable más fuerte que lo que Él dijo.

Sigue orando por esa persona o esa situación que está fuera de lugar. No como quien insiste porque cree que Dios no te oye, sino como quien sigue amando delante de Él. Orar así es ponerla en las manos de quien la ama más que tú, y muchas veces también te cambia la manera de mirarla.

Si te tratan mal, no respondas con lo mismo. Sigue bendiciendo aunque recibas lo contrario, y haciendo el bien aunque no veas nada.

Pero sobre todo, quédate cerca de Dios. De ahí sale la fuerza que a ti ya no te alcanza. Dile lo cansada que estás, con las palabras que tengas, sin arreglarlo. Quédate un rato callada con Él. Eso también es no soltar la válvula.

No tienes que llenar la llanta hoy. Basta con una bombeada más, y con no soltar.

Que el Dios que es tu amparo y tu fortaleza te encuentre en lo más apretado, y que donde a ti ya no te alcanzan las fuerzas, te alcance la suya.

Yo sé lo que es seguir orando por lo mismo cuando ya casi no se te ocurren palabras nuevas.

Si llevas rato bombeando y ya no sientes los brazos, si te da pena pedirle lo mismo otra vez, si estás cansada y no te has atrevido a decirlo, déjame orar por ti. Quédate como estás, con la mano en la válvula.

Padre, vengo por ella. Tú sabes qué es lo que no ha soltado y desde hace cuánto. Tú has visto cada vez que siguió cuando ya no le quedaba nada. Quítale la vergüenza de estar cansada. Que no confunda el cansancio con falta de fe, ni lo que le cuesta con haber fallado. Enséñale a descansar sin soltar. Lo que ella ya no alcanza a empujar, empújalo tú. Pon en tus manos a las personas y las situaciones por las que ha orado tanto, y que sepa que Tú las amas más que ella. Cuando la tierra se le mueva, sé su amparo. Cuando se le acaben las fuerzas, sé su fortaleza. Sé su auxilio en lo apretado, cerca, a la mano. Y que el miedo no sea el que decida por ella. En el nombre de Jesús, amén.

Esta oración no deja la llanta llena para siempre. Mañana habrá que volver a bombear. No sé cuánto le falta a lo tuyo, pero Dios sí lo sabe, y no se ha ido de tu lado mientras bombeas. Mañana Él va a seguir siendo tu amparo y tu fortaleza.

En De la Vergüenza a la Victoria, el día once se llama Escoge la valentía. Habla de lo que es ser valiente de verdad, que no es dejar de tener miedo, y de la valentía que Dios puso en ti cuando te hizo mujer. Si lo que te duele es pensar que no das para esto, ahí vas a ver por qué tener miedo y estar cansada no te hace menos.

delaverguenzaalavictoria.com

Con amor y oraciones,
Magie de Cano





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