Cuando la enfermedad intenta robarte quién eres

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Cuando la enfermedad intenta robarte quién eres - Las Cartas de Magie

Hay momentos en la vida que parten nuestra historia en dos. Para mí, uno de esos momentos fue un día de julio, en medio de un tiempo de ayuno y búsqueda de Dios, cuando recibí una noticia que nadie espera: Cáncer de colon.

Recuerdo la frialdad del diagnóstico. Recuerdo el miedo intentando trepar por mi garganta mientras mi cuerpo manifestaba lo que mi alma había callado por años. Pero recuerdo, con más fuerza aún, la decisión que tuve que tomar en ese instante: ¿Voy a dejar que esta enfermedad defina quién soy, o voy a dejar que Dios siga escribiendo Su historia a través de mí?

Sé lo que sientes cuando te miras al espejo y ves los estragos de la batalla. El cáncer es un ladrón que intenta robarte tu identidad. Te quita las fuerzas, te deja cicatrices y te susurra al oído que ya no eres la misma, que ahora solo eres una «paciente».

Seguí Escribiendo en el Valle de Sombra

Quiero contarte algo muy personal. Mientras atravesaba ese valle oscuro, camino a una cirugía y enfrentando la incertidumbre, tomé una decisión radical: No dejaría de escribir. Sabía que Dios no había terminado conmigo. Entendí que las cartas que Él me dictaba no se detenían por un reporte médico.

Descubrí que mi identidad no estaba en mi salud perfecta, sino en mi asignación divina. El cáncer podía tocar mi cuerpo, pero no tenía permiso para tocar mi propósito.

En esos días de hospital, Dios me enseñó una lección que cambió mi vida y que hoy es el corazón de Mujer Totalmente Nueva: La sanidad del cuerpo muchas veces empieza por la sanidad del alma. El Señor me llevó a perdonar, a soltar ofensas guardadas y a limpiar mi corazón. Y vi Su gloria: Él sanó mi cuerpo de manera sobrenatural, librándome de la quimioterapia y radioterapia, confirmándome que cuando sanamos por dentro, lo de afuera se alinea.+1

Tu Cicatriz es tu Medalla

Hoy quiero decirte lo mismo a ti, amada guerrera. Tu cuerpo es la casa donde vives, y esa casa puede estar bajo ataque. Pero —la hija amada, la mujer con propósito— estás intacta.

Esas cicatrices que ves hoy no son marcas de vergüenza; son medallas de guerra. Son la evidencia de que te enfrentaste a la muerte y decidiste seguir respirando. La verdadera belleza de una mujer no es la ausencia de enfermedad; es la presencia de una fe que no se apaga ni en el quirófano.

No eres una víctima. Eres una socia de Dios. Y si Él te tiene aquí hoy, es porque todavía hay capítulos gloriosos que Él quiere escribir a través de tu vida, tal como lo hizo conmigo.

Levanta la cabeza. Tu corona no es tu cabello ni tu salud física; tu corona es la Gracia de Dios que te sostiene. El médico dio su reporte, pero la última palabra sobre tu identidad siempre la tiene tu Padre.

Oración de la Guerrera

«Señor, aunque mi cuerpo tiemble, mi espíritu está firme. Reconozco que el miedo ha intentado silenciarme, pero hoy decido alzar mi voz y mi fe. Este diagnóstico es lo que tengo, no lo que soy. Yo soy Tu hija. Soy Tu sierva. Y mientras haya vida en mí, habrá propósito. Así como lo hiciste con Magie, te pido que sanes primero mi corazón de toda raíz de amargura y temor, para que mi cuerpo pueda recibir Tu sanidad completa. Que mi vida sea un testimonio de que Tu poder se perfecciona en mi debilidad. En el nombre de Jesús, Amén.»

Amada, la enfermedad puede atacar tu cuerpo, pero no permitas que toque tu alma. En Mujer Totalmente Nueva, te comparto a profundidad este testimonio de cómo el perdón y la limpieza interior desataron mi milagro físico, y cómo puedes tú también caminar en esa libertad integral.

Fortalece tu espíritu aquí: mujertotalmentenueva.com





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