Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.
A veces, las batallas más grandes de nuestra vida no son una señal de que Dios nos ha abandonado. De hecho, pueden ser evidencia de que Él se está preparando para revelar Su fidelidad de una manera aún mayor. Muchos de nosotros nos encontramos frente a montañas que parecen imposibles de mover. Puede ser una lucha financiera, un desafío de salud, una crisis familiar o una temporada de incertidumbre que ha durado mucho más de lo esperado. En esos momentos, es fácil preguntarse: “¿Por qué a mí?”. Pero ¿y si la montaña no está allí para detenerte? ¿Y si está allí para mostrarles a otros lo que Dios puede hacer?
A lo largo de las Escrituras, Dios utilizó constantemente situaciones imposibles para manifestar Su poder. David enfrentó a Goliat. Moisés estuvo frente al Mar Rojo. Josué se encontró con los muros de Jericó. Daniel fue arrojado al foso de los leones. Ninguno de ellos eligió la batalla que tenía delante, pero cada obstáculo se convirtió en una oportunidad para que Dios mostrara Su gloria. El desafío nunca fue mayor que el Dios a quien servían.
Creo que hay momentos en los que a los creyentes se les asigna una montaña porque Dios tiene la intención de usar su testimonio para animar a otros. Cuando las personas te ven seguir confiando en Dios en medio de la tormenta, ven la fe en acción. Cuando te ven adorar a pesar de la decepción, son testigos de la perseverancia. Cuando observan que te niegas a rendirte, aun cuando las circunstancias parecen abrumadoras, comienzan a comprender que Dios verdaderamente sostiene a Su pueblo.
Jesús nunca prometió que las montañas no aparecerían. De hecho, nos enseñó cómo responder cuando lo hacen. Él dijo que si tenemos fe y no dudamos, podemos hablarle a la montaña y esta será removida. La presencia de una montaña no es prueba de derrota. A menudo es el escenario sobre el cual Dios manifiesta Su victoria.
Marcos 11:23 NTV Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá; pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón.
Muchas personas están orando para que Dios quite la montaña, mientras que Dios les está enseñando a confiar en Él durante el proceso. Aquello que hoy se siente como una carga puede convertirse en el testimonio que ayude a alguien más mañana. La lucha que estás enfrentando ahora mismo puede llegar a ser el aliento que otra persona necesite para seguir creyendo cuando esté a punto de rendirse.
Por eso, no desmayes. No permitas que el desánimo tenga la última palabra. Sigue orando. Sigue firme. Sigue confiando. El mismo Dios que te ayudó a atravesar cada batalla anterior sigue reinando hoy. Él continúa abriendo camino donde parece no haber salida. Sigue obrando detrás de escena, aun cuando no puedas verlo.
Y un día, cuando esa montaña sea movida, las personas no solo verán lo que Dios hizo por ti. Verán lo que Dios es capaz de hacer por cualquiera que ponga su confianza en Él. Tu montaña puede ser difícil, pero no es más grande que tu Dios. Sigue avanzando. Tu victoria está más cerca de lo que imaginas. (Una palabra de Todd Coconato)
Isaías 32:27 He aquí, yo soy el Señor, el Dios de toda carne, ¿habrá algo imposible para mí?
Isaías 32:41-42 Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma. Porque así dice el Señor: Como he traído a este pueblo toda esta gran calamidad así he de traer sobre ellos todo el bien que les prometo.
Con amor y oraciones,
Magie de Cano
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