Padre celestial, junio llegó con algo que ningún otro mes trae: la mitad del año. Seis meses atrás, había una lista. Había una esperanza. Había algo que este año iba a ser diferente. Y hoy, parados en este umbral, algunos llegan con gratitud porque las cosas avanzaron. Y otros llegan en silencio, preguntándose en qué momento se fue la mitad del año sin que cambiara lo que más necesitaban que cambiara. Ambos son bienvenidos aquí.
Este mes también trae el Día del Padre. Y esa fecha, como todas las que celebran algo sagrado, no le llega igual a todos. Está el padre que da todo por su familia y nunca sabe si es suficiente. El que está lejos y quisiera estar cerca. El que está cerca pero siente que hay una distancia que no sabe cómo cruzar. El hijo o la hija que creció con un padre que no supo cómo quedarse, y que todavía carga esa herida sin nombre. El que perdió a su papá y este mes lo recuerda con una mezcla de amor y dolor que no cabe en una sola palabra.
Señor, tú conoces cada una de esas historias. Y a ninguna la ves con indiferencia. Hoy oro por todos los que llegaron a junio cargando más de lo que se ve. Padre, habla a los que sienten que el año se les está yendo de las manos. Que la sensación de que el tiempo corre no se convierta en condena, sino en invitación a soltar lo que no pueden controlar y aferrarse a lo que sí depende de ti.
Habla a los padres que aman a sus hijos pero no siempre saben cómo demostrarlo. A los que trabajan en silencio para que a los suyos no les falte nada, y que en esa entrega a veces pierden la presencia. Recuérdales que todavía están a tiempo. Que una conversación honesta puede recuperar lo que años de distancia construyeron.
Habla a los que crecieron con un padre ausente, herido, o que no supo amar bien. Sana ese lugar dentro de ellos que todavía espera algo que el padre terrenal no pudo dar. Que en ti, Señor, encuentren al Padre que nunca falla. Al que no se va. Al que no decepciona. Al que los conoció antes de que nadie más lo hiciera.
En el nombre de Jesús, declaro que junio será un mes de conversaciones que se postergaron demasiado. De reconciliaciones que parecían imposibles. De corazones que dan el primer paso aunque no tengan garantía de cómo va a terminar.
Que la segunda mitad de este año sea diferente a la primera. No porque las circunstancias cambien de golpe, sino porque nosotros decidamos caminar más cerca de ti. Gracias porque tú no llevas la cuenta de los meses que perdimos. Solo nos invitas a empezar de nuevo.
En el nombre de Jesús, Amén.
Con amor y oraciones,
Magie de Cano
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