Tu justicia es como las montañas más altas; tus juicios, como las profundidades del mar. Tú cuidas de las personas y de los animales, oh Señor. ¡Cuán precioso es tu amor inagotable, oh Dios! Toda la humanidad encuentra refugio bajo la sombra de tus alas. Los alimentas con la abundancia de tu casa y les permites beber del río de tus delicias. Salmo 36:6–8, NTV
Creo que esta es una palabra de ánimo para muchos de nosotros, porque es fácil concentrarnos en lo que nos hace falta. Tal vez necesitas provisión económica, personas correctas que caminen contigo, una oportunidad que aún no llega o una puerta que parece permanecer cerrada. Pero hoy el Señor te recuerda: «Hijo amado, hija amada, no me he olvidado de ti.»
Él te está invitando a levantar la mirada y ver desde Su perspectiva. Te llama a dejar de enfocarte en la escasez para contemplar la abundancia que ya ha preparado para ti en Cristo. Cuando aprendemos a mirar con los ojos de la fe, descubrimos que en la casa del Padre hay suficiente provisión, gracia, dirección, favor y recursos para cumplir todo aquello a lo que Él nos ha llamado.
No permitas que las circunstancias definan tu expectativa. Entra en la abundancia de Su casa, bebe del río de Su presencia y descansa en la certeza de que el Dios que te llamó también suplirá todo lo que necesitas conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Helen Calder)
Filipenses 4:19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
YO SOY TU PROVEEDOR
Deuteronomio 28:8 El Señor te asegurará bendición en todo lo que hagas y llenará tus depósitos con granos. El Señor tu Dios te bendecirá en la tierra que te da.
Siento al Espíritu Santo llamando a Su pueblo a levantar la mirada más alto y a recordar esta verdad eterna: Tu provisión nunca ha dependido de un salario. Siempre ha estado en las manos del Rey de reyes. Los sistemas de este mundo pueden levantarse y caer. Las economías pueden tambalearse. Las oportunidades pueden desaparecer. Pero la fidelidad del pacto del Señor nunca cambia.
Salmo 34:10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.
El Señor dice: «No pongas tu confianza en aquello que puede ser contado, medido o controlado por manos humanas. Yo soy tu Proveedor. Yo soy quien te sostiene, quien dirige tus pasos y quien abre caminos donde parece que no los hay.»
Hoy declaro, en el poderoso nombre de Jesús:
Que el Señor te conceda sabiduría divina para cada decisión que debas tomar. Que Él establezca la obra de tus manos conforme a Su perfecta voluntad. Que ponga en tu camino a las personas correctas, en el momento preciso. Que provea exactamente todo lo que necesitas para cumplir cada propósito y cada asignación que ha puesto en tus manos.
Proverbios 16:3 NTV Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito.
Dios puede hacer lo que ningún sistema humano es capaz de lograr. Él puede crear oportunidades donde antes no existían. Puede abrir puertas inesperadas. Puede proveer de maneras que jamás imaginaste. Puede sostener a Sus hijos en cualquier temporada. Y puede guiarte hacia las buenas obras que preparó de antemano para ti.
No temas la incertidumbre del mañana. El mismo Dios que alimentó a Israel en el desierto… El que sostuvo a Elías junto al arroyo… El que multiplicó los panes y los peces… El que es dueño del ganado sobre mil colinas (Salmo 50:10) Sigue siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos. Levanta tu expectativa hacia el cielo. Camina con integridad. Permanece fiel. Confía en el Señor con todo tu corazón porque Su tiempo es perfecto. Su sabiduría nunca falla. Y Su gracia es suficiente para cada estación de tu vida.
Que tu vida sea un testimonio constante de que Dios permanece fiel para cuidar de Su pueblo y cumplir Sus propósitos a través de aquellos que confían en Él. En el poderoso, glorioso y eterno nombre de Jesucristo. Amén. (Una palabra de Richard Elías James)
Marcos 4:41-44 NTV Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción. Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró de pan y pescado. Un total de cinco mil hombres y sus familias se alimentaron.
Con amor y oraciones,
Magie de Cano
Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.
