Pareciera que durante diciembre vivimos bajo una neblina dorada. Entre las cenas, las compras, los abrazos y la música, logramos adormecer por un momento nuestras preocupaciones reales.
Pero ahora, la neblina de las festividades se ha disipado. La rutina ha vuelto. Y con ella, ha quedado al descubierto lo que estaba escondido debajo de la celebración: La Ansiedad.
Para muchas de nosotras, el cambio de fecha en el calendario no trajo alivio, sino presión. Al ver el «2026», no sentimos esperanza, sino que nos sentimos atrasadas.
Sentimos que, para estas fechas, ya deberíamos haber recibido la respuesta por la que tanto oramos. Sentimos que el tiempo se nos acaba, que nuestros hijos crecen y el milagro no llega, que las deudas siguen ahí. Y esa sensación de urgencia nos roba la paz.
El Insomnio de la «Superheroína»
Seguramente sabes a qué me refiero. Pasas de estar durmiendo tranquilamente a despertar de golpe a las 3:00 AM, con el corazón acelerado y la mente encendida.
Te quedas en vigilia, mirando el techo, haciendo todo tipo de planes. Tratas de «hacer que las cosas tengan sentido» en tu cabeza. Calculas, planeas, buscas soluciones B, C y D para problemas que ni siquiera han pasado. Y cuando finalmente logras dormir, no descansas. Tu cuerpo se apaga, pero tu espíritu sigue en guardia, preocupado, inquieto.
La preocupación se ha instalado en tu casa como un mueble más. Se ha vuelto parte de tu día a día.
Y es comprensible. Como mujeres y madres, estamos entrenadas para ser «Solucionadoras de Crisis». Somos las que arreglamos el problema del colegio, las que administramos la crisis financiera del hogar, las que consolamos el llanto. Nos ponemos la capa de «Superheroína» y entramos en modo de supervivencia.
El problema es que intentamos aplicar esa misma lógica a nuestra vida espiritual.
¿Estás Tratando de «Ayudarle» a Dios?
En Una Madre de Rodillas, hablo de este peligroso error: Confiamos en Dios, pero pensamos que Él necesita nuestra ayuda.
En el fondo, pensamos: «Dios es poderoso, sí… pero por si acaso Él no lo hace a tiempo, mejor yo me preocupo. Mejor yo muevo estas piezas. Mejor yo manipulo la situación».
Creemos que nuestra ansiedad es una forma de responsabilidad. Creemos que preocuparnos es «hacer algo». Pero amada, la preocupación no vacía el mañana de sus problemas; vacía el hoy de su fuerza.
Cuando no puedes dormir porque estás planeando cómo salvar a tu familia, estás ocupando un lugar que no te corresponde: El lugar de Dios.
Dios no necesita que seas la co-autora de tu milagro; Él necesita que seas la receptora. Él no necesita tu ayuda para sostener el universo ni para cuidar a tus hijos mientras duermes. Él necesita que sueltes el control.
La fe verdadera no es creer que Dios lo hará como tú quieres; es tener la paz de dormir en medio de la tormenta sabiendo que el Capitán del barco no eres tú.
Hoy te invito a quitarte la capa de superheroína. Esa capa pesa demasiado y te está asfixiando. No estás atrasada. Estás en el tiempo de Dios. Y Él no se ha olvidado de ti.
Oración para Volver a Dormir en Paz
Señor, hoy confieso que estoy ansiosa. La fiesta pasó y la realidad me golpeó. Me siento atrasada, siento que el tiempo corre y Tú no respondes. Perdóname porque he tratado de «ayudarte» con mi preocupación. He pasado mis noches planeando en lugar de descansando. Hoy me quito la capa de «la que todo lo resuelve». Renuncio a la necesidad de controlar los tiempos. Te entrego mi agenda, mis hijos y mis crisis. Decido creer que no necesito estar despierta vigilando, porque Tú, el que guarda a Israel, no duerme ni descansa. En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo Tú, Jehová, me haces vivir confiada. En el nombre de Jesús, Amén.
Amada, si la preocupación se ha convertido en tu estilo de vida y sientes que si tú no sostienes todo, todo se derrumba, necesitas aprender el poder de la rendición.
En Una Madre de Rodillas, te enseño cómo dejar de pelear batallas en tu mente para empezarlas a ganar en el espíritu. El descanso es un arma de guerra.
Recupera tu paz hoy en unamadrederodillas.com.
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