Le devolveré sus viñedos y convertiré el valle de la aflicción en una puerta de esperanza. Oseas 2:15 NTV
Es tiempo de sacudirte el polvo de la decepción de esta temporada. Sé que fuiste quebrantado de formas que nunca imaginaste que podrías sobrevivir. La presión fue implacable. La opresión se sintió personal. Cargaste esperanza mientras sangrabas. Seguiste presentándote mientras partes de ti se desprendían. Hubo noches en las que te preguntaste si lo que perdiste sería restaurado alguna vez, o si el costo de decir «sí» finalmente te había vaciado.
Pero escúchame, el vino que fluye ahora es el vino nuevo, y está cargado de gloria. Esta temporada no acabó contigo, te marcó. Lo que el desierto produjo en ti es sagrado. Lo que se formó en el silencio es santo. El Señor Dios Todopoderoso tiene necesidad de ti en esta hora. Así que seca tus lágrimas. Levanta tus manos temblorosas. Deja que la adoración surja de nuevo desde el lugar donde tus fuerzas fallaron.
Es tiempo de salir de la barca y caminar sobre aguas que nunca antes habías pisado. Es tiempo de echar tus redes a lo profundo, más allá de lo que se siente seguro, más allá de lo que te resulta familiar. Hay un gemido en tu espíritu que el Cielo está esperando que liberes, un sonido forjado en el sufrimiento que sacudirá las puertas mismas del infierno. El grito de guerra que descubriste en el calor de la batalla no fue solo para tu supervivencia, fue destinado a rasgar los cielos para tu generación.
El fuego santo nacido en esta temporada ha captado la atención del infierno. El enemigo está nervioso porque ya no estás limitado por el miedo, la comodidad o la supervivencia. Estás siendo desatado para reclamar lo que fue robado… tu gozo, tu autoridad, tu voz, tu asignación. Así que toma la espada y comienza a blandirla. Los gigantes que se burlaron de ti están cayendo. Al someterte al refinamiento, fuiste probado como el oro. Y ahora, este momento, justo aquí, es para lo que la presión te estaba preparando. Fuiste estirado para que pudieras cargar el vino nuevo.
Tu capacidad fue aumentada. Estabas siendo preparado para la temporada de la lluvia tardía. Nada se desperdició. Ni las lágrimas. Ni la pérdida. Ni la espera. Cada acto de obediencia ofrecido mientras tu corazón se quebraba se convirtió en incienso ante el Señor. Había gloria escondida en las cenizas de tu desmoronamiento. Había milagros unidos al quebrantamiento. Lo que parecía que Dios estaba quitando todo, era Él haciendo espacio para lo que solo Él podía darte. Lo que sentiste como el éxodo más grande de tu vida fue, en realidad, tu entrada a la promesa. Lo que parecía ser el final fue, en realidad, la revelación de tu propósito.
Y ahora, desde las ruinas, desde las lágrimas, desde el lugar donde pensaste que no sobrevivirías, Él te está llamando a avanzar. No como eras antes del quebrantamiento… sino como alguien que conoce Su voz, carga Su fuego y porta Su gloria. Esto que ves aquí es terreno de resurrección. Y el aliento de Dios se está moviendo sobre lo que pensabas que estaba muerto. (Una palabra de Jessica Jecker)
Oseas 2:18-20 NTV En ese día haré un pacto con todos los animales salvajes, las aves de los cielos y los animales que corren sobre la tierra, para que no te hagan daño. Quitaré de la tierra todas las armas de guerra, todas las espadas y todos los arcos, para que puedas vivir sin temor, en paz y seguridad. Te haré mi esposa para siempre, mostrándote rectitud y justicia, amor inagotable y compasión. Te seré fiel y te haré mía, y por fin me conocerás como el Señor
Con amor y oraciones,
Magie de Cano
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