Cuando este se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera y esta se le dislocó mientras luchaban. Entonces dijo: —¡Suéltame, que ya está por amanecer! —¡No te soltaré hasta que me bendigas! —respondió Jacob. Génesis 32:26-26
Ha sido una temporada de obediencia costosa y de batallas privadas para muchos. Mientras escribo estas palabras, sé que estoy tocando una herida profunda en aquellos que han estado clamando al Señor con la más intensa angustia. “Costoso, costoso”, dicen muchos. Es ese lugar donde el barco parece haber encallado. Donde la visión antigua muere y, aun así, la batalla ruge contra tu vida, y no lo entiendes. “¿Por qué soy una amenaza tan grande si todo lo que estaba en mis manos me ha sido quitado?”
Es el lugar donde Dios te saca de todo lo que has conocido y, sin embargo, todavía no se siente como victoria, sino como una serie de pasos de obediencia que no terminan de encajar. Calumnias diarias y semanales, traiciones y persecución guerreando contra tu hogar, tu matrimonio y tus hijos. Lo que no se habla de las temporadas de transición es que son las más vulnerables y costosas que puedas atravesar, porque Dios te ha desatado de todo aquello a lo que habías atado tu valor e identidad: mentalidades, asignaciones y alineamientos. Se han cerrado tantas puertas y ha habido tanta finalidad en cosas que hiciste por años, y ahora realmente no sabes hacia dónde vas después. Estás en un lugar de vulnerabilidad extrema, y hay dos procesos ocurriendo al mismo tiempo.
EL PRIMER PROCESO: Dios te está desintoxicando de lo que has atravesado y te está preparando para lo que viene. Es un tiempo de liberación y sanidad profunda. También es un tiempo en el que sientes que tienes que pelear para entrar en el nuevo manto que Dios tiene para ti. Es una de esas temporadas en las que estás luchando con el ángel del Señor hasta el amanecer (Génesis 32:22-31, NVI). Estás luchando por tu destino. Estás luchando por tu llamado. ¿Por qué? Porque hay una atracción muy fuerte a quedarte dormido. Hay una tentación intensa de hundirte en la apatía y rendirte. Es una batalla mental y emocional.
EL SEGUNDO PROCESO: El enemigo está intentando constantemente alimentar esa incomodidad. Quiere llevarte de vuelta a lo cómodo. Quiere adormecerte y desensibilizarte para que regreses a lo familiar y confortable. También hace guerra contra tu mente y contra todo lo que es importante para ti. Es cuando de repente comienzas a repasar todo lo que no salió bien en el pasado. Todas las cosas que hiciste mal están constantemente delante de tus ojos. Entras en modo fracaso. Miras hacia atrás a lo que no se cumplió, a las promesas que no se realizaron, a las cosas que pudiste haber hecho mejor. Todo está continuamente frente a ti.
Entonces está la voz del Espíritu Santo diciendo: “Vamos, hay más para ti. Entra en esto”. Y también está la lucha de tener que derrotar a los perros de la condenación en tu mente que intentan arrastrarte hacia atrás. Y en medio de ese tiempo, se siente como las batallas privadas más profundas de angustia que nadie jamás verá. Es el costo más hondo de dolor y sufrimiento que otros nunca llegarán a conocer, y quizá nunca lo harán. Son esos lugares donde solo están tú y el Señor. Y parece que incluso tus amigos más cercanos y confidentes, las personas que quisieras tener a tu lado, Dios de alguna manera no les permite suavizar el golpe de este momento profundo y doloroso. Es como Jacob luchando con el ángel del Señor hasta el amanecer. Él tuvo que hacerlo solo. Jacob luchó con Dios (Génesis 32:22-31, NVI)
En esta temporada recuerdo mucho cómo he pasado por tantos momentos de transición. De hecho, hace muchos años, antes de venir a América, tenía mucho dolor físico, así que fui a un quiropráctico y me dijo: “No tiene sentido, pero tu cadera está fuera de lugar”. Mi cadera estaba realmente dislocada, y yo no entendía qué estaba pasando. En esa temporada había muchas voces de duda guerreando contra nosotros, diciéndonos que no dejáramos Australia. Estábamos en medio de un conflicto muy fuerte por esa decisión. Entonces un amigo me envió una palabra: “Nate, ahora mismo estás caminando con una cojera. Pero en realidad, ese es el lugar más seguro para estar en estos momentos”.
Es el lugar donde no nos damos cuenta, pero en realidad es una fortaleza estar en un punto de quebrantamiento profundo, para no entrar en una nueva temporada confiando en nuestro propio entendimiento como lo hicimos en el pasado. En estas últimas semanas no he dejado de pensar en esto: Dios está buscando personas que caminen con cojera en esta temporada, personas que no sean sabias en su propia opinión. Porque hemos construido imperios sobre nuestro propio entendimiento. Hemos edificado imperios y disfunciones basados en aquello de lo que estábamos tan seguros. Y mira lo que eso ha hecho al Cuerpo de Cristo.
Me pregunto si este es un momento en el que Dios nos está permitiendo caminar con cojera porque es el lugar más seguro en el que podemos estar. Es el lugar donde corremos a Su presencia porque no tenemos a nadie más a quien correr. Es el lugar donde nuestra obediencia privada finalmente se convierte en victorias públicas, pero comienza con noches dolorosas y oscuras del alma, donde solo estás tú a los pies de Jesús.
Quiero animar a tantos que están leyendo esto y se preguntan: “¿En qué temporada estoy?” Quiero decirte esto: si estás sintiendo las profundidades más hondas de quebrantamiento en esta temporada, no lo atribuyas siempre al enemigo. ¿Y si Dios está haciendo una liberación profunda, trayendo sanidad y guiándote hacia algo nuevo? Porque conoces la historia de Jacob: Dios usó ese momento para cambiarlo todo para él. Dios utilizó ese instante para conducirlo a un nuevo comienzo, a un nuevo día y a un nuevo amanecer. Y creo que eso es lo que Él está haciendo para muchos ahora mismo.
Pero escucho al Señor decir: “No permitas que el enemigo robe ni secuestre este momento”. Este es un momento en el que Dios te está reajustando. Pero no dejes que el enemigo te haga caer en condenación y temor. Sigo viendo esta imagen delante de mis ojos: personas mirando una pantalla de televisión en repetición. Muchos han estado en modo repetición con los dolores del pasado. Aquello mismo que Dios está tratando de sanar y de lo cual quiere liberarte ahora es lo que sigues ensayando de tu temporada anterior. No lo has soltado del todo, o no has sabido cómo soltarlo. Es esa tensión entre: “De aquí vengo, y hacia allá voy, pero no sé cómo liberar esto”. Sigo escuchando al Señor decir: “Suéltalo. Deja de mirar atrás. Deja de mirar atrás. Deja de mirar atrás”.
Ahora mismo, si estás leyendo esto y este es tu punto de dolor y no sabes cómo reconciliar de dónde vienes, simplemente ora… “Dios, te entrego mi ayer. Voy a dejar de ensayar el dolor de mi pasado. Voy a dejar de repasar mis fracasos, las cosas que salieron mal, lo que no entiendo. Voy a dejar de revivir lo que estoy llorando y aquello a lo que tuve que renunciar”.
Una vez más, Dios está buscando personas que estén caminando con cojera ahora mismo, aquellos que han pasado por el fuego, los que han atravesado el horno. Y Dios te va a sacar; ni siquiera olerás a humo. Ya no cargarás ni estarás marcado por las cosas del pasado. Creo que en los próximos meses Dios levantará una nueva generación de entre las cenizas de lo que se está derrumbando.
Hay un cambio de guardia. Pero el cambio de guardia primero se ve como “la lucha”. En Daniel 2:21 (NVI) dice que Él cambia los tiempos y las épocas; quita reyes y pone reyes. Creo que estamos en ese momento. Pero el mismo lugar de tu comisión no es lo que esperabas. Tu comisión es esta lucha. Tu comisión es esta batalla donde Dios quiere que derrotes la batalla de la mente que te mantiene atado a pensamientos y mentalidades que te conectan con lo antiguo. Entrégaselos ahora mismo en el poderoso nombre de Jesús. Esa batalla contra tu mente, ríndela a Él.
Este es un momento en el que tendrás que sacrificar los bueyes de esas viejas mentalidades. Tendrás que sacrificar los bueyes de esas expectativas antiguas que siguen rondándote y atormentándote. Dios tiene Sus mejores días delante de ti. Sigue permitiendo que Él te aparte para Sí. Sigue escogiendo esos momentos privados de obediencia al Señor que nadie entiende, donde pareces necio, donde pareces impopular por hacer lo que Dios te ha llamado a hacer. No tiene sentido y la gente no te entiende ahora mismo, pero todo el cielo te está animando. Estas cuatro cosas suceden cuando Dios te está llevando a un nuevo nivel. Permíteme compartirlo contigo, porque siento que conecta con la palabra anterior…
- Primero, parece que estás descendiendo. Las cosas se desmoronan. Sistemas. Ritmos. Mentalidades. Seguridad. Oportunidades. Puertas que se cierran. Relaciones que cambian. Dios purga lo que te está frenando. Se siente como si estuvieras muriendo a ti mismo, y ahora Él toma el control.
- El enemigo ataca tu mente desde todos los ángulos. Entras en la batalla de todas las batallas en tu cabeza, donde la ansiedad y los temores emergen como un tormento constante. Tienes que decidir si ceder y derrumbarte o pelear con la Palabra de Dios para fortalecer las áreas vulnerables de tu corazón.
- La calumnia y la murmuración aumentan. Es el intento del enemigo de desanimarte antes de tu avance, reclutando personas para asesinar tu carácter y desgastarte hasta que colapses y te rindas.
- Y por último, el enemigo intenta agotarte. En tus finanzas. En tu salud. Quiere sabotear lo que has trabajado durante años y robar tu gozo robando tu fruto. Si estás atravesando estas cosas, entonces Dios te está llevando a un nuevo nivel, y todo el infierno le teme a quien te estás convirtiendo. ¡Rehúsa asociarte con la narrativa falsa! (Una palabra de Nate Johnston)
Con amor y oraciones,
Magie de Cano
Recibe la palabra profética en tu correo electrónico.
