Tú sabes lo que es abrir el refrigerador la noche antes de la cena y darte cuenta de que no alcanza. Haces cuentas, estiras lo que hay, y de alguna manera, alcanza.
Tú sabes también lo que es quedarte despierta con un hijo con fiebre, llamando al doctor que no contesta, viendo que casi no queda medicina en el frasco. Una noche que parece eterna. Y de alguna manera, a la mañana siguiente, todo vuelve a la normalidad. Continuar Leyendo »
