Tengo una cicatriz en la rodilla que con solo mirarla me transporta a mi infancia.
Ese día jugamos tanto con mis hermanos que terminé lastimándome.
Me dolió, sí, pero no detuvo la risa, ni la emoción, ni el recuerdo inolvidable de un día feliz.
Esa marca aún está allí, y cada vez que la veo, recuerdo no solo la caída, sino la alegría de un momento que me marcó de la mejor manera.
También tengo cicatrices en el rostro, pero no me apenan. Continuar Leyendo »
