Tus Cicatrices Pueden Hablar… si las Dejas

Tengo una cicatriz en la rodilla que con solo mirarla me transporta a mi infancia.
Ese día jugamos tanto con mis hermanos que terminé lastimándome.
Me dolió, sí, pero no detuvo la risa, ni la emoción, ni el recuerdo inolvidable de un día feliz.
Esa marca aún está allí, y cada vez que la veo, recuerdo no solo la caída, sino la alegría de un momento que me marcó de la mejor manera.

También tengo cicatrices en el rostro, pero no me apenan. Continuar Leyendo »

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Dios te llama por tu nombre

Hace unos días, fui a una tienda.
La chica que me atendió fue muy amable, tan cálida que quise agradecerle por su nombre.
Busqué la etiqueta en su uniforme…
pero al notar mi intención, se apresuró a cubrirla con su mano.
Me dijo, con una sonrisa tímida:
—“Siempre me ha dado vergüenza mi nombre… mi papá cometió una falta de ortografía enorme al ponerlo y nunca me ha gustado.”

Y ahí estaba.
Una mujer joven, hermosa, inteligente…
que desde niña aprendió a esconder su nombre. Continuar Leyendo »

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Dios te está llamando por tu nuevo nombre

Hace unos días, mientras dedicaba un libro, pregunté el nombre de la mujer que lo recibiría. Me respondió con una sonrisa tímida:
“Me llamo Dolores.”

Y aunque no era la primera vez que escuchaba ese nombre, algo en mi espíritu se encendió. Porque de pronto recordé cuántas veces he escuchado nombres similares: Dolores. Soledad. Angustias. Y a veces no son solo palabras… son profecías no deseadas.

Esta mujer me explicó que no fue un nombre que ella eligió. Continuar Leyendo »

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Dios Quiere Encontrarte Exactamente Donde Estás

¿Alguna vez has tenido visitas inesperadas en casa?

Ese momento en el que alguien toca la puerta sin previo aviso y entras en pánico porque la sala está desordenada, hay platos en el fregadero y ropa tirada en el sillón.

Tu primer impulso es no abrir la puerta. Piensas en todo lo que no alcanzaste a limpiar, en el polvo acumulado, en la pila de ropa sin doblar. Te da vergüenza que alguien vea el desorden. Continuar Leyendo »

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Dios ya te dio alas—Es tiempo de usarlas

Desde el momento en que nace, la oruga pasa su vida arrastrándose. Se mueve lentamente, pegada al suelo, avanzando con esfuerzo entre hojas y ramas.

Toda su existencia ha sido así. No conoce otra realidad. Mira a su alrededor y ve aves volando, mariposas revoloteando de flor en flor… pero nunca imagina que algún día ella podría hacer lo mismo.

Ese no es su mundo. Ella ha aprendido a arrastrarse, no a volar.

La transformación llega, pero la mentalidad sigue igual

Llega el día en que su proceso de transformación comienza. Continuar Leyendo »

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