Lo que necesitas puede llegar por quien menos esperas

Lo que te sostenía se está acabando, y hay una pregunta que te da pena decir en voz alta: ¿quién se va a acordar de mí? Creo que Dios se acuerda, y que lo que necesitas puede llegar por una mano que nunca habrías escogido.

Puede ser el dinero que antes alcanzaba y ahora no, un trabajo que se terminó, una salud que ya no responde como antes, una persona que siempre estaba y ya no está, o las fuerzas. Continuar Leyendo »

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Sigue empujando aunque ya no tengas con qué

Cada semana te cuesta un poco más seguir con eso que no has soltado, y ya no sabes de dónde vas a sacar fuerzas. Yo creo que eso no es señal de que vas mal. Creo que es justo el momento de no soltar.

A lo mejor es un hijo que cada vez que da un paso para adelante, da dos para atrás. A lo mejor es la casa que sacas adelante con lo que hay, un diagnóstico que no se aclara, una relación que se fue torciendo, o una espera que ya lleva más de lo que pensaste aguantar. Continuar Leyendo »

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¿Por qué pides perdón hasta cuando no hiciste nada?

Estás de visita en casa de alguien. Te levantas a ayudar con los platos, y un vaso se te resbala de la mano.

Suena contra el piso, y por un segundo todo el mundo se queda callado.

Y antes de que nadie diga nada, ya lo dijiste tú: «Ay, qué torpe soy. Perdón, perdón, perdón.»

La dueña de la casa se ríe y te dice: «No pasa nada, es un vaso.» Alguien trae la escoba. En dos minutos ya nadie se acuerda. Continuar Leyendo »

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La tormenta no cambia lo que Dios siente por ti

Después de lo que pasó, no sabes bien qué parte de ti sigue en pie, ni si Dios se quedó contigo. Lo que Él siente por ti no se movió, aunque hoy te cueste creerlo.

Tal vez empezó con algo que alguien dijo de ti y que se fue repitiendo. Tal vez fue una pérdida: un trabajo, una amistad de años, el lugar que tenías en tu familia o en tu iglesia. Tal vez fue que las personas que esperabas a tu lado se quedaron calladas, o se fueron, o se pusieron del otro lado. Continuar Leyendo »

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Tu cicatriz cuenta lo que te pasó, no quién eres

Hace poco estaba en una cena, y alguien en la mesa se subió la manga para enseñar una cicatriz.

Al ratito todos estaban enseñando la suya. Tú sabes cómo es.

Tú también sacas las tuyas. La de la rodilla, de cuando te caíste de niña. La del dedo, del día que cortabas algo con prisa y se te fue el cuchillo.

Hay una que quedó con forma de corazón, y esa hasta la presumes. Hay otras que ya casi no se ven, y tienes que buscarlas para poder enseñarlas. Continuar Leyendo »

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