Cuando nace un hijo, lo primero que hace la familia es buscar a quién se parece.
Tiene la nariz del abuelo. Los ojos de mamá. Las manos largas de su papá. Hay algo hermoso en reconocer que este ser nuevo trae consigo algo de todos los que vinieron antes.
Pero con los años ese mismo ejercicio puede volverse doloroso.
Porque los hijos no solo absorben los rasgos físicos de quienes los rodean. También absorben las reacciones. Continuar Leyendo »
