Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, Señor, buscaré. No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación. Salmos 27:8-9
Durante los primeros días de diciembre del año pasado, estaba enseñando en una reunión en el norte de California cuando el Espíritu Santo me habló. Lo que me dijo requirió investigación, para entender realmente lo que me quería decir. Continuar Leyendo »
