Hay ropa guardada en tu casa que ya no le queda a nadie.
Una camiseta de cuando tenía doce. Un suéter que compraste para un invierno que ya pasó. No la tiras. Tampoco sabes muy bien por qué la guardas. Quizás porque tirarla se siente como admitir algo que todavía no estás lista para admitir.
Que tu hijo creció. Y que en algún punto del camino, sin que nadie te avisara, dejaste de saber su medida exacta. Continuar Leyendo »
