Los que con lágrimas siembran, con regocijo cosechan. El que llorando esparce la semilla, cantando recoge sus gavillas. Salmos 126:5-6
Muy temprano el 1 de junio, me desperté con una emoción extrema del Espíritu Santo. Fui a nuestra sala de estar y me senté en mi silla de oración donde siempre leo, oro y paso ese tiempo secreto con el Señor. Comencé a orar y podía sentir una agitación en mi espíritu. Empecé a hacer declaraciones y decretos y, cuando terminé de orar, tomé mi teléfono y uno de mis compañeros de oración había enviado un mensaje. Continuar Leyendo »
