La fe se parece mucho a un viaje en barco.
Hubo un tiempo en que el viento soplaba a favor.
Las cosas parecían fáciles.
Todo iba bien.
Nuestra fe se sentía inquebrantable, porque no había gigante que no pudiéramos vencer.
Pero luego… algo cambió.
De repente, las aguas se hicieron más pesadas.
Las oraciones comenzaron a sonar más largas, los silencios más profundos.
Y nuestro corazón empezó a llenarse de peso.
No fue un naufragio repentino. Continuar Leyendo »
