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ENFOQUE DE ORACION DIA 2 – Esposas en el Campo de Batalla

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9

Hay un mal que como un cáncer se reproduce en los matrimonios y las familias, este se llama “Iniquidad”. La iniquidad es lo absolutamente contrario a la rectitud y a la justicia, la iniquidad es lo torcido, de alguna manera, se le relaciona  como el ADN espiritual que crece torcido y así se pasa de generación en generación, torciéndose aún más y más, es la raíz del pecado, la raíz del mal que introduce en los hombres los pensamientos y acciones pecaminosas que los aparta de estar en el propósito de Dios y el destino que él tiene para nosotros.

En mi libro “CONQUISTA TU MATRIMONIO” yo hablo más ampliamente sobre la manera en que Dios, en medio de un adulterio me reveló la raíz que estaba destruyendo mi matrimonio. Amamos a Dios, le servíamos, pero no entendía porque había pecados que se repetían una y otra vez. Luego de tres días de oración y ayuno, el Señor una madrugada me dijo “Yo voy a desarraigar la iniquidad”. Investigué mucho sobre el tema y comencé una batalla para arrancar de raíz esa enfermedad espiritual. Isaías 59:1-2 dice: La mano del Señor no se ha acortado para salvar; Ni Su oído se ha endurecido para oír. Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, Y los pecados le han hecho esconder Su rostro para no escucharlos.

En Juan 8:32-36, Jesús le estaba hablando a los judíos que creían en Él, y que ya lo habían reconocido como Salvador. Pero no podían comprender por qué, siendo hijos de Abraham, necesitaban ser liberados. En Juan 8:33, dijeron que ellos no eran esclavos de nadie. No comprendían que con cada pecado cometido, ya fuera por ellos, o por sus ancestros, había una maldición espiritual uncida a ese pecado. Los cristianos también necesitamos hacer algo más que nacer de nuevo y recibir el perdón; necesitamos recibir nuestra libertad. Jesús les estaba diciendo en el versículo 36: «Cuando yo los libere, van a ser verdaderamente libres. No sólo los voy a perdonar, sino que también voy a romper la maldición que llevan encima y que está relacionada con el pecado». Si el Hijo nos ha hecho libres, vamos a ser verdaderamente libres. La palabra «verdaderamente» significa que Jesús va a romper la maldición, y nosotros podremos vivir realmente libres. No sólo nos va a perdonar nuestro pecado, sino que va a romper la iniquidad que lo acompaña.

A Dios no le importa cuan podridas estén las raíces de tu árbol genealógico. Cuando recibes su perdón y limpieza, las iniquidades de tu familia se rompen. (Isaías 53) Si tu esposo aún no ha creído en Jesús, y ves los estragos que la iniquidad ha hecho en tu hogar, recuerda tu sola puedes santificar tu casa “Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer” (1 Corintios 7:14) Ponle fin a la maldición generacional de vicios, adulterios, pobreza, ocultismo, etc. Acércate confiadamente hoy a Jesús y pídele al Espíritu Santo que te revele toda iniquidad y pecados ocultos  propios y de tus antepasados,  renuncia a ellas y arrepiéntete de las mismas para así cortar definitivamente esas iniquidades generacionales. En el nombre de Jesús.

LECTURAS PARA HOY: Isaías Capítulos 59, Jeremías 31, Salmos 51 – Jesucristo se hizo maldición por nosotros como lo dice su Palabra en Gálatas 3:13 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros porque escrito está: maldito todo el que cuelga de un madero”. Nuestro Señor Jesucristo murió en un madero para llevar la maldición que correspondía a nosotros; lo hizo para que pudiéramos ser bendecidos. Es una gran muestra de Su bondad, de valentía y amor indescriptible, porque en el plan del Padre, El es el Cordero que fue inmolado por nosotros. El pensamiento positivo, el asesoramiento psicológico, incluso hacer cosas «religiosas», aunque sean buenas, no resolverán el problema. Pueden proporcionar un alivio temporal, pero solo la Sangre de Jesús es la respuesta permanente, transformando tu maldición en una bendición. La Sangre de Jesús compró tu libertad de la iniquidad, y el testigo del Espíritu Santo aplica la unción que rompe el yugo, liberándote de los grilletes de las iniquidades de tu familia.

Has una lista de los pecados que operan en tu hogar y preséntalos en oración con arrepentimiento. Levítico 26:40-42 dice: Pero si confiesan su maldad y la maldad de sus padres, y su traición y constante rebeldía contra mí, las cuales me han obligado a enviarlos al país de sus enemigos, y si su obstinado corazón se humilla y reconoce su pecado, entonces me acordaré de mi pacto con Jacob, Isaac y Abraham, y también me acordaré de la tierra. Se trata de revocar el pecado que viene por generaciones, de reconocer y humillarnos delante de Dios. Hay espíritus que se aferran a generaciones, a familias enteras, tienen derechos legales sobre esas familias. Aun Daniel oró de esta manera, “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas” (Daniel 9:3-5)

OREMOS: 

Amado Jesús hoy te abro mi corazón para reconocer Tu señorío y hacerte el Señor de mi vida. Quiero que ocupes el primer lugar en mi corazón y en mi familia. Vengo con arrepentimiento a pedirte que perdones mis pecados y los pecados de mis antepasados que dieron lugar a una maldición. Apelo hoy al sacrificio que hiciste al morir por mi en la cruz y te pido que me laves con Tu Sangre. En el nombre de Jesús. 

Padre, yo me doy cuenta de que el enemigo ha decretado la muerte y la destrucción sobre mi vida y la de mi matrimonio y familia. He combatido espíritus de desesperanza por muchísimo tiempo y he estado combatiendo el temor y la ansiedad.  Hoy me cubro a mi y a mis generaciones con tu sangre preciosa y me revisto con toda la armadura de Dios. En el nombre de Jesús, yo me arrepiento por convenirme con las palabras del enemigo, y creo que soy libre de su cautiverio. Soy establecido y tengo derecho a tomar posesión de las riquezas abundantes de tu Reino en todas las áreas de mi vida según Tu propósito divino.

Padre Celestial HOY ME ARREPIENTO de todos los pecados que he cometido o que cometieron mis antepasados, y que dieron lugar a una maldición en mi vida, en mi matrimonio y mi familia. Me arrepiento de toda desobediencia, rebeldía, perversión, brujería, idolatría, lascivia, adulterio, fornicación, maltrato a otros, asesinato, trampas, mentira, hechicería, participación en la adivinación y lo oculto, (añade lo que Dios te muestre que está operando en línea familiar) te pido que me perdones y me limpies mediante la sangre de Jesús.

Creo y confieso que hemos sido redimidos por el sacrificio de Jesucristo. Aplico mi fe en la sangre de Jesús y declaro que como familia somos libres de toda maldición. Puedo decir con toda confianza, “Creo en el Señor Jesucristo y mi casa y yo seremos salvos” (Hechos 16:31). Practico mi fe, y reconozco que la confesión es hecha para salvación (Romanos 10:9-10) por consiguiente, confieso que soy participe de las bendiciones de Abraham. No estoy maldecida sino bendecida Soy cabeza y no cola, estoy por encima y no por debajo. Las bendiciones fluirán. ESTOY BENDECIDA POR DIOS Y LO QUE DIOS HA BENDECIDO NO PUEDE SER MALDECIDO.

Con amor y oraciones,

Magie de Cano

 

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Magie de Cano

Por Magie de Cano

Pastora y Conferencista Internacional en el Ministerio de la Mujer, autora del devocional profético Las Cartas de Magie y de los libros “Conquista tu Matrimonio”, “Cita con tu Destino” y "De la Verguenza a la Victoria"