Tú sabes cuál plato es. El que tiene la grieta en el borde y que igual sigues usando, porque todavía sirve.
Lo pones en la mesa con la grieta hacia abajo. Ya ni lo piensas. Es un movimiento de muñeca y listo.
Llevas años haciendo eso y nadie en tu casa se ha dado cuenta. Nadie te ha preguntado por qué ese plato siempre te toca a ti.
Y un día te quedas viéndolo un segundo de más, y entiendes que no es solo el plato. Continuar Leyendo »
