El Año se Acaba, pero Dios Apenas Empieza

Se acerca el final del año y, si somos honestas, para muchas de nosotras este no es solo un tiempo de luces y celebración, sino de un balance silencioso y doloroso.

Miras el calendario y el pensamiento te golpea: «Otro año más… y sigo en las mismas».

Quizás comenzaste enero con una promesa en el corazón —un milagro en tu matrimonio, la sanidad de tu cuerpo, un hijo que anhelas, o un sueño ministerial— y ahora, al ver los días agotarse, la voz del desánimo te susurra: «Dios no hizo nada. Continuar Leyendo »

Publicada el

El trabajo invisible que haces… y que el cielo sí ve

Hay labores que nadie reconoce.
Horas que nadie registra.
Batallas que nadie ve.

Ser madre es una de ellas.

La maternidad es ese “trabajo” que exige horarios extendidos, decisiones difíciles, cargas emocionales densas y una entrega que a veces roza lo imposible.
Es repetir la misma instrucción diez veces.
Es recoger lo que nadie admite haber tirado.
Es estar disponible incluso cuando estás agotada.
Es educar cuando tú misma te estás reconstruyendo.

Y lo hacemos sin contratos, sin aplausos, sin días libres…
con amor, sí, pero también con cansancio, con dudas y con una fortaleza que no siempre reconocemos. Continuar Leyendo »

Publicada el

Mujer, levántate y anda

En el Evangelio de Juan, hay una historia que sacude mi corazón. Es la historia de un hombre que llevaba 38 años paralítico, acostado junto al estanque de Betesda.

Había allí una multitud de enfermos, ciegos y paralíticos, todos esperando lo mismo: que un ángel agitara el agua. Creían que el primero en entrar después de ese movimiento sería sanado.

Cuando Jesús pasa y ve a este hombre, sabiendo el tiempo que llevaba allí, le hace una pregunta directa y profunda: «¿Quieres ser sano?» Continuar Leyendo »

Publicada el

Haz espacio para lo nuevo

A veces no es que Dios no esté haciendo algo nuevo,
es que no hay espacio para lo que Él quiere poner.

Vivimos llenas.
No de lo bueno —sino de lo que nos pesa.
Culpa.
Preocupación.
Dudas.
Heridas que nunca terminamos de soltar.

Y poco a poco, sin darnos cuenta, el alma se vuelve un cuarto sin lugar para nada más.
Queremos paz, pero hay ansiedad ocupando su espacio.
Queremos alegría, pero la culpa aún está sentada en esa silla. Continuar Leyendo »

Publicada el

El Precio de Dar a Luz una Promesa

Hay una experiencia que, como mujeres, entendemos en lo más profundo de nuestro ser: dar a luz.

Recuerdo haber escuchado a muchas madres jóvenes, en los días siguientes al parto, decir con absoluta convicción: «Hasta aquí. No tendré más hijos. ¡El dolor fue demasiado!».

Y en ese momento, lo dicen con toda sinceridad. El trabajo de parto es agotador, es un dolor que consume. Es un proceso de quiebre y esfuerzo límite.

Pero entonces, sucede algo milagroso. Continuar Leyendo »

Publicada el