Se acerca el final del año y, si somos honestas, para muchas de nosotras este no es solo un tiempo de luces y celebración, sino de un balance silencioso y doloroso.
Miras el calendario y el pensamiento te golpea: «Otro año más… y sigo en las mismas».
Quizás comenzaste enero con una promesa en el corazón —un milagro en tu matrimonio, la sanidad de tu cuerpo, un hijo que anhelas, o un sueño ministerial— y ahora, al ver los días agotarse, la voz del desánimo te susurra: «Dios no hizo nada. Continuar Leyendo »
