¿En qué momento decidiste que trabajar y ser buena madre no pueden ir juntos?

Cuando pensamos en una madre, la imagen que primero viene a la mente suele ser la misma.

La que está en casa. La que recibe a los hijos cuando regresan de la escuela. La que tiene la merienda lista, la tarea supervisada, la tarde disponible. Es una imagen hermosa. Y es real para muchas mujeres.

Pero no es la única.

Hay madres cuya misión las lleva fuera de casa. Madres que trabajan, que tienen responsabilidades que no se pueden pausar, que salen temprano y a veces regresan cuando los hijos ya están dormidos. Continuar Leyendo »

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Para quien hace milagros con lo que tiene

Una mujer me contaba el otro día algo que muchas no dirían en voz alta.

Me contaba cómo administra la quincena. Cómo sabe exactamente cuánto entra, cuánto sale, y cuánto hay que hacer rendir para que alcance. Cómo cuando el dinero llega corto, no es porque nadie en la casa trabaje o se esfuerce, sino porque las necesidades no esperan y los números a veces simplemente no cuadran. Me contaba cómo se vuelve creativa en la cocina con lo que hay, cómo reorganiza prioridades, cómo encuentra maneras de hacer que lo poco cubra lo mucho. Continuar Leyendo »

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Para la madre que ora sin ver resultados

Hace algunos años, cuando mis hijos eran pequeños, pasamos frente a un parque donde estaban reforestando.

Daban la opción de sembrar un árbol en honor a tu familia. No era algo planeado. No era una actividad que estuviera en el itinerario del fin de semana. Simplemente estaba ahí, y dijimos que sí. Sembramos nuestro árbol, tomamos una foto, y seguimos el día.

En ese momento fue exactamente eso. Un momento bonito. Una actividad diferente.

Pero algo curioso pasó con el tiempo. Continuar Leyendo »

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No eliges cómo inicia tu historia, pero sí cómo termina

Cuando nace un hijo, lo primero que hace la familia es buscar a quién se parece.

Tiene la nariz del abuelo. Los ojos de mamá. Las manos largas de su papá. Hay algo hermoso en reconocer que este ser nuevo trae consigo algo de todos los que vinieron antes.

Pero con los años ese mismo ejercicio puede volverse doloroso.

Porque los hijos no solo absorben los rasgos físicos de quienes los rodean. También absorben las reacciones. Continuar Leyendo »

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¿Qué pasa cuando ya no hablas el mismo idioma que tus hijos?

Hubo un tiempo en que comunicarse con alguien que vivía lejos tomaba semanas.

Se escribía una carta, se esperaba que llegara, se esperaba la respuesta. Y en ese tiempo de espera había algo que hoy casi no existe: la paciencia de no saber. El mundo de nuestras abuelas funcionaba así. Y ellas lo consideraban normal porque era todo lo que conocían.

Nosotras crecimos en el medio. Vimos llegar el fax, el bíper, el primer teléfono celular del tamaño de un ladrillo. Continuar Leyendo »

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