¿Cuánto más tengo que esperar la promesa?

Mi hijo llegó un día con los brazos llenos de cajas. No nos íbamos a mudar. Pero empezó a empacar todo con tanta prisa que cualquiera hubiera dicho que se iba esa misma noche.

Es de los que, cuando deciden orar por algo, no se quedan solo orando. Ese día había empezado a orar por una promesa muy concreta, y esa misma tarde ya estaba empacando, como si activara la fe con las manos.

Empacó su cuarto entero. Continuar Leyendo »

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Dios no te hizo de segunda, te hizo de primera

Llegaste primero. Te sentaste en el sofá de la sala de espera, tranquila, con esa seguridad silenciosa de quien sabe para qué vino.

Y entonces entró ella.

No dijo que era mejor que tú. No hizo falta.

Un saludo ligero, una mirada que te midió de arriba a abajo, la manera en que ocupó el lugar como si ya fuera suyo, y de pronto empezaste a dudar si merecías estar ahí. Por un momento, casi lo creíste. Continuar Leyendo »

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¿Qué haces cuando la noche parece eterna?

Tú sabes lo que es abrir el refrigerador la noche antes de la cena y darte cuenta de que no alcanza. Haces cuentas, estiras lo que hay, y de alguna manera, alcanza.

Tú sabes también lo que es quedarte despierta con un hijo con fiebre, llamando al doctor que no contesta, viendo que casi no queda medicina en el frasco. Una noche que parece eterna. Y de alguna manera, a la mañana siguiente, todo vuelve a la normalidad. Continuar Leyendo »

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¿Te tiemblan las piernas antes de dar el primer paso?

Tú sabes lo que es esa silla. La del salón de clase, cuando el maestro decía tu nombre y te tocaba pasar al frente. O la de la sala de juntas, ya de grande, cuando te tocaba presentar frente a un grupo.

Te levantas y las piernas te tiemblan antes de dar el primer paso.

A mí me ha pasado toda la vida. Desde niña, y también ya de grande, parada frente a grupos de mujeres. Continuar Leyendo »

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Si eres tan maravillosa, ¿por qué sigues soltera?

Hace unos días estaba en el salón de belleza.

Tú sabes cómo es ese lugar. Es un espacio donde las conversaciones fluyen fácil, donde la gente habla de todo mientras la peinan o le hacen las uñas, un ambiente amigable donde hasta las extrañas terminan platicando de su vida.

Había una chica joven sentada cerca de mí, muy linda, con una sonrisa grande. Y en eso, la que la estaba atendiendo le preguntó: «¿Por qué no te has casado si eres tan linda?» Continuar Leyendo »

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