¿Por qué tienes compasión para todos menos para ti misma?

Hay una mujer que conozco que tiene una capacidad que me asombra.

Cuando alguien a su alrededor comete un error, ella es la primera en entender. La primera en encontrar la explicación, la circunstancia, la razón detrás de la falla. Tiene una compasión que parece no tener fondo para las debilidades de los demás. Una paciencia que no se agota. Una generosidad con el error ajeno que es, honestamente, una de las cosas más hermosas que he visto en una persona. Continuar Leyendo »

Publicada el

Cuando das todo y aun así parece no ser suficiente

Ese día ella llevaba puesto todos sus sombreros al mismo tiempo.

Había manejado a dos lugares distintos antes del mediodía, resuelto un problema en el trabajo desde el teléfono mientras esperaba en el semáforo, recordado la cita del médico, coordinado la merienda, y todavía tenía pendiente una llamada que no podía aplazar. Era un día normal. Del tipo de día normal que ninguna agenda logra capturar del todo porque las madres no solo administran actividades. Administran todo lo que está detrás de las actividades. Continuar Leyendo »

Publicada el

¿Sigues jugando a las escondidas con Dios?

De niña, las escondidillas tenían una regla no escrita que nadie te enseñaba pero todos conocían.

Si te escondías demasiado bien, si encontrabas el rincón perfecto detrás del árbol más oscuro del patio, podía pasarte algo peor que perder. Podía pasarte que nadie te encontrara. Que el juego terminara sin que nadie supiera que todavía estabas ahí. Que al salir de tu escondite descubrieras que todos ya se habían ido a merendar, a sus casas, a otra cosa. Continuar Leyendo »

Publicada el

¿A quién ves cuando te miras al espejo?

Te tomaron una foto hace unos días. Alguien la subió a un grupo, o la encontraste en tu teléfono, y por un segundo la miraste sin reconocerte.

Llevaba tu ropa. Tu nombre. Tu sonrisa de ese momento. Pero algo en esa imagen te dejó quieta. Porque la mujer que miraba desde esa pantalla no era la que tú recordabas ser. No era la que sentías que eras cuando cerraste los ojos por la noche.

Y pensaste: tal vez es el ángulo. Continuar Leyendo »

Publicada el

¿Cuándo fue la última vez que alguien te llamó por tu nombre?

Ese domingo por la mañana, María Magdalena no fue al sepulcro a ver un milagro.

Fue a despedirse.

Fue porque era lo único que le quedaba por hacer. Había visto morir al único que la había mirado sin juzgarla. Y ahora iba a terminar de cerrar esa historia de la única manera que sabía — con más dolor, con más pérdida, con las manos vacías haciendo lo que las manos vacías hacen cuando no saben qué más hacer. Continuar Leyendo »

Publicada el