Lo que sembraste sigue creciendo aunque no lo veas

Llevas tanto tiempo esperando que ya no sabes si lo que Dios te dijo sigue en pie. Yo creo que sí, y que sigue creciendo aunque tú no lo veas.

Empezaste con tanta claridad. Oraste, obedeciste cuando no entendías, dijiste que sí a cosas que costaban, y todo eso lo hiciste por algo que Dios puso en tu corazón. Y pasó un año, y otro, y ahora te descubres haciendo cuentas: cuánto llevas, cuánto más puede faltar, cuántas personas recibieron lo suyo mientras tú seguías igual. Continuar Leyendo »

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Dios está desatando lo que te tiene atada de los pies

Hay una palabra que no se me sale de la mente. Y creo que hoy es para ti: DESATAR. No acelerar, no empujar, no exigirte más de lo que ya has dado. Desatar. Este es un tiempo en el que Dios está cortando aquello que ha estado alrededor de tus pies, eso que te ha hecho caminar con una mano ocupada y subir cargando lo que nunca te tocó cargar.

Tú sabes de qué estoy hablando. Continuar Leyendo »

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Prometiste no dejar que nadie te volviera a ver rota

Tú sabes cuál plato es. El que tiene la grieta en el borde y que igual sigues usando, porque todavía sirve.

Lo pones en la mesa con la grieta hacia abajo. Ya ni lo piensas. Es un movimiento de muñeca y listo.

Llevas años haciendo eso y nadie en tu casa se ha dado cuenta. Nadie te ha preguntado por qué ese plato siempre te toca a ti.

Y un día te quedas viéndolo un segundo de más, y entiendes que no es solo el plato. Continuar Leyendo »

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¿Desde cuándo pedir ayuda se volvió una vergüenza?

Te serviste el café. Alcanzaste a darle un trago, tal vez dos.

Después alguien te habló desde el otro cuarto, o sonó el teléfono, o te acordaste de algo que tenía que salir hoy.

Cuando volviste a la cocina, la taza seguía ahí, en el mismo lugar, fría.

Tú sabes cómo es. No es la primera vez.

Esa taza no se enfrió porque se te haya olvidado. Se enfrió porque algo más urgente se atravesó, otra vez. Continuar Leyendo »

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Escribe la visión, aunque hoy no tengas con qué cumplirla.

Hubo una época en la que como familia lo perdimos casi todo.

En medio de eso hice de un baño pequeño mi cuarto de oración. Lo pinté, y en la pared pegué recortes de revista.

Papel, tijera y una pared. Y te lo cuento porque tú sabes lo que es seguir sosteniendo algo de lo que ya nadie te pregunta.

Esos recortes no eran decoración.

Eran las cosas que ya no me atrevía a decir en voz alta, porque decirlas y luego mirar alrededor no cuadraba. Continuar Leyendo »

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