Señor, ¿por qué ya no te veo como antes?

Sigues buscando a Dios donde siempre lo encontraste, y ya no lo sientes ahí como antes. No dejaste de creer ni hiciste nada malo. Yo creo que Él no se fue. Creo que va adelante, por un camino que tú todavía no conoces.

Y cuando empezaste a sentirlo lejos, hiciste lo que casi todas hacemos: más. Un compromiso más, una reunión más, un sí más cada vez que alguien necesitó ayuda. Llenaste la semana de cosas buenas, muchas de ellas para Él, y las hiciste bien. Continuar Leyendo »

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No te estás secando, Dios te está podando

Hay cosas que antes te movían y hoy ya no te dicen nada. Ya no quieres correr como corrías ni quieres lo mismo que querías, y no sabes explicar por qué. Yo creo que no te estás secando. Creo que Dios te está podando.

Seguiste haciendo todo como siempre. Te levantaste, cumpliste, fuiste a donde tenías que ir, oraste con las mismas palabras de siempre. Pero algo cambió adentro, y lo que antes hacías con gusto hoy te pesa. Continuar Leyendo »

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Lo que sembraste sigue creciendo aunque no lo veas

Llevas tanto tiempo esperando que ya no sabes si lo que Dios te dijo sigue en pie. Yo creo que sí, y que sigue creciendo aunque tú no lo veas.

Empezaste con tanta claridad. Oraste, obedeciste cuando no entendías, dijiste que sí a cosas que costaban, y todo eso lo hiciste por algo que Dios puso en tu corazón. Y pasó un año, y otro, y ahora te descubres haciendo cuentas: cuánto llevas, cuánto más puede faltar, cuántas personas recibieron lo suyo mientras tú seguías igual. Continuar Leyendo »

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Dios está desatando lo que te tiene atada de los pies

Hay una palabra que no se me sale de la mente. Y creo que hoy es para ti: DESATAR. No acelerar, no empujar, no exigirte más de lo que ya has dado. Desatar. Este es un tiempo en el que Dios está cortando aquello que ha estado alrededor de tus pies, eso que te ha hecho caminar con una mano ocupada y subir cargando lo que nunca te tocó cargar.

Tú sabes de qué estoy hablando. Continuar Leyendo »

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Prometiste no dejar que nadie te volviera a ver rota

Tú sabes cuál plato es. El que tiene la grieta en el borde y que igual sigues usando, porque todavía sirve.

Lo pones en la mesa con la grieta hacia abajo. Ya ni lo piensas. Es un movimiento de muñeca y listo.

Llevas años haciendo eso y nadie en tu casa se ha dado cuenta. Nadie te ha preguntado por qué ese plato siempre te toca a ti.

Y un día te quedas viéndolo un segundo de más, y entiendes que no es solo el plato. Continuar Leyendo »

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